Denuncias por vivienda

Contra la vivienda indigna. V de Vivienda. Todos juntos podemos.

jueves, octubre 01, 2009

Pedro Solbes: 'Han hecho las cosas que yo no quería hacer'












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¿El fin del liberalismo?

Vincenç Navarro/ publico

La mal llamada “Transición modélica” de la dictadura a la democracia se realizó en España en términos muy favorables a las fuerzas conservadoras, culpables de que España tenga una democracia muy incompleta y un Estado del bienestar muy insuficiente. Ni que decir tiene que se hicieron progresos y muy en particular en los años ochenta (acentuados por la presión y movilizaciones populares), cuando el enorme déficit de gasto público social por habitante de España con la UE-15 se redujo considerablemente, estableciéndose en el periodo 1978-1993 las bases para el desarrollo del claramente insuficiente Estado del bienestar. Pero a partir de 1993, cuando el Gobierno del PSOE se alió con la derecha catalana –CiU– y Pedro Solbes dirigió la política económica del Gobierno socialista, se implantó una cultura liberal, que incluyó una austeridad de gasto público (incluyendo el gasto público social), considerada necesaria para reducir el déficit del Estado y, de esta manera, alcanzar la convergencia monetaria. El gasto público social per cápita bajó en términos absolutos en los años 1993-1995 (época Solbes) para subir más tarde (con Rodrigo Rato) pero mucho más lentamente que en el promedio de países de la UE-15, con lo cual la diferencia de gasto entre España y la UE-15 aumentó considerablemente. Cuando, por fin, se consiguieron equilibrar las cuentas del Estado, tal déficit de gasto público social se había disparado de nuevo, colocando a España a la cola de la Europa social.

Este periodo 1993-2004 vio el triunfo de la cultura liberal que se reprodujo también en la sensibilidad del PSOE llamada Nueva Vía, liderada por el candidato Zapatero, guiado por su mentor económico, Jordi Sevilla, que en su libro El nuevo socialismo había escrito: “¿Alguien puede defender a estas alturas del siglo que un programa socialdemócrata debe estar a favor de más impuestos y más gasto público?”. De ahí el mensaje de Zapatero de que “bajar impuestos es de izquierdas”. En la Comisión Europea este pensamiento liberal estaba dirigido por el mismo Pedro Solbes, que se convirtió en el guardián de tal cultura de austeridad en la UE, asegurándose que el déficit de los estados miembros de la UE se mantuviera bajo, tal como instruye el Pacto de Estabilidad. Más tarde, cuando Pedro Solbes condujo la política fiscal y económica del Gobierno del PSOE, continuó la política de contención del gasto público, indicando en una entrevista a El País que “la medida de la cual estaba más orgulloso era la de no haber aumentado el gasto público” (22-07-09), dicho en el país que tenía un gasto público (incluido el social) per cápita más bajo de la UE-15. El dominio liberal en la cultura política y económica era tal que el gran debate en las elecciones de 2008 estuvo entre bajar el gasto público (la derecha) o mantenerlo (la izquierda gobernante), sin incluir su ascenso. La presión de los sindicatos y de los partidos a su izquierda forzó, sin embargo, un aumento del gasto público social por habitante en los últimos años (2004-2008), insuficiente, no obstante, para converger con el gasto público social promedio de la UE-15. España, cuyo PIB per cápita es el 94% del promedio de la UE, tiene un gasto público social (con el que financiar las pensiones, la sanidad, la vivienda social, las escuelas de infancia, los servicios domiciliarios y otros) que es sólo un 74% del promedio de la UE-15, lo cual quiere decir que deberíamos gastar 70.000 millones de euros más en gasto público social para alcanzar el nivel de gasto social que nos corresponde por el nivel de desarrollo económico que tenemos. España cuenta con los recursos para tener un Estado del bienestar mucho mejor que el que tenemos, pero el Estado no recoge estos recursos. La carga fiscal es la más baja y el fraude fiscal es el más elevado de la UE-15.

La crisis económica actual mostró las enormes insuficiencias de la cultura económica liberal de austeridad de gasto público. En España tal crisis dio pie a la salida del Gobierno de los arquitectos de aquella cultura de austeridad, y muy en particular de Solbes, lo cual ha creado una enorme protesta en los medios liberales (incluyendo El País) que habían canonizado a Solbes durante todos estos años. La línea editorial de aquel rotativo había representado uno de los máximos exponentes del pensamiento liberal al haber promovido la desregularización del mercado de trabajo y el retraso de la edad obligatoria de jubilación (entre otras medidas), apoyando al sector más liberal del PSOE representado por el hoy gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez (ver editoriales 23-04-09 y 12-02-07). Los recientes discursos de Zapatero parecían señalar una necesidad de cambiar estas políticas liberales, con un mayor incremento del gasto público social y una mayor carga fiscal, de carácter progresista, incluso a costa de enfrentarse a “los poderosos”, que inmediatamente se movilizaron para acusarle de populista. Como era de esperar, Antonio Elorza se lamentó en El País de que Zapatero utilizara un lenguaje populista, siendo el único líder de Europa –según él– que habla de oponerse a “los poderosos” (27-09-09), acusándole además de dirigir un partido estalinista, incapaz de aceptar la crítica.

Algo semejante, aunque menos hiperbólico, escribió Santos Juliá el mismo día en El País. Lo que es llamativo es que no hubo ninguna acusación de supuesto estalinismo antes, cuando Zapatero y Solbes marginaron a las izquierdas de su equipo económico. Presentar, ahora, como hace Elorza, a El País como el diario crítico al Gobierno (cuando fue uno de los máximos defensores de su política liberal) y a Público como el gran defensor de Zapatero es un error fácil de demostrar. Hay más artículos críticos de la política económica y fiscal del Gobierno Zapatero en Público que en El País. Público es hoy uno de los escasos foros abiertos a las izquierdas. De ahí, la hostilidad hacia este foro por parte de los medios liberales (la mayoría) que se resisten a perder su monopolio ideológico.

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miércoles, septiembre 23, 2009

Pedro Luis Uriarte (Innobasque): "Un país no se puede cambiar con la piqueta"

Dolors Álvarez/ lavanguardia
Foto: Pedro Madueño

Pedro Luis Uriarte, ex consejero delegado del BBVA, preside desde hace dos años Innobasque, la agencia impulsada por el Gobierno vasco para promover la innovación. Con 66 años, dejará el cargo el próximo 19 de noviembre porque, según dice, "hay un nuevo contexto económico e institucional y se va a repensar el proyecto". No obstante, seguirá vinculado a él como miembro de la junta. Ayer animó a los empresarios catalanes a trabajar por la transformación de la estructura económica del país, en una jornada organizada por FemCat y patrocinada por Banc Sabadell.

¿Por qué deja el cargo?

Creo que mi misión ha terminado. En esta primera etapa Innobasque ha cumplido con creces los objetivos, que eran sobre todo la sensibilización de toda la sociedad y la identificación de los sectores de futuro. Para ello hemos constituido 45 grupos de trabajo en los que se han implicado tanto personas del mundo de la empresa como del ámbito universitario. El nombre País Vasco empieza a sonar como sinónimo de innovación en el contexto internacional. Por ejemplo, el Gobierno de Singapur, que es el país más innovador del mundo, nos ha invitado a exponer nuestra experiencia.

Cuando se habla de sectores de futuro todos los gobiernos señalan los mismos: la biotecnología, las tecnologías de la información... ¿Cómo se puede conseguir, entonces, una diferenciación?


La diferenciación tiene que venir de la identificación de las capacidades, de la autocrítica sobre las propias limitaciones y de una visión compartida por los agentes económicos, los sociales y la Administración.

También habrá que abandonar algunas actividades...

No se puede plantear la transformación de una economía a golpe de piqueta. No hay sectores maduros, sino empresas maduras. Por ejemplo, en el textil aquí en Catalunya tenéis un referente mundial como es Mango. Y en el campo de las telecomunicaciones, al final ha sido Telefónica la que ha registrado mayor crecimiento. Sería un error plantearse la destrucción de sectores tradicionales; lo que hay que hacer es conseguir que evolucionen migrando de lo que es convencional hacia lo complejo. Y al mismo tiempo hay que apostar por sectores emergentes, convirtiendo las ideas en dinero.

¿En una crisis tan dura como la actual la innovación se ha quedado en un segundo plano?

Es cierto que el inicio de la recesión cambió las prioridades, y se puso por delante el sálvese quien pueda. En tiempos de crisis, lo urgente se pone por delante de lo necesario.

¿Hasta cuándo?

España tendrá como mínimo 11 trimestres de recesión. Volveremos al crecimiento a partir del 2011, aunque quizá el País Vasco y Catalunya se recuperen antes. Pero, en cualquier caso, el crecimiento será más débil que el que hemos vivido en los años de expansión. Posiblemente hasta el 2013 estaremos por debajo del crecimiento potencial.

¿La recuperación vendrá de la industria?

Se está cometiendo una injusticia grave con la construcción. Es verdad que ha tenido un crecimiento desmesurado, pero tampoco debemos llevar ahora el péndulo al otro extremo. Aún nos queda por hacer un esfuerzo gigantesco en obra civil para hacer el proceso de transformación global.

¿Y quién financia esa transformación, esa sociedad del conocimiento?


La solución debe ser público-privada, con la implicación de todos los agentes económicos, sociales y académicos, aunque quizá el primer paso debe darlo la Administración.

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martes, septiembre 22, 2009

Priorizar el bienestar

José Manuel Naredo/ publico

Las estadísticas han venido cifrando el crecimiento económico como una victoria sobre la penuria, hasta que se apreció que este crecimiento destruye más que crea. ¿Cómo no van a sentirse engañados todos aquellos a los que se demandan esfuerzos y sacrificios [en aras de ese crecimiento]?”. Esta opinión, que subraya el divorcio entre crecimiento económico y calidad de vida, no es la de ningún crítico antisistema, ni siquiera de un representante de la izquierda. Ha sido emitida por Nicolas Sarkozy, presidente de la República Francesa, que propone “acabar con la religión de la cifra” del PIB, arremetiendo contra el primer axioma sobre el que reposa la ideología económica imperante: el que identifica ese agregado monetario con el bienestar de la gente. Este hecho rompe el habitual conformismo de la clase política –de derechas y de izquierdas– con la mitología del crecimiento. La novedad no estriba tanto en denunciar los engaños del PIB como indicador de bienestar, como en el hecho de que quien lo denuncia sea el presidente de un país importante en un foro cultural tan reputado como la Universidad de la Sorbona. Su discurso se orientó a divulgar las propuestas de una comisión de expertos a la que había encomendado la tarea de reforzar la presencia del bienestar en las estadísticas económicas.

Más que discutir aquí las 12 recomendaciones de la comisión orientadas a completar las estadísticas con este propósito, interesa subrayar que el problema suscitado no es un problema técnico, sino uno ideológico y social mucho más amplio. Pues las estadísticas son el reflejo del statu quo mental e institucional que sostiene la hegemonía del cuadro macroeconómico, con el PIB a la cabeza, como el cuadro de mandos por antonomasia para dilucidar si “van bien” los países, evitando preguntarse hasta qué punto el aumento de ese revender con beneficio recogido en el PIB es bueno para el país y para la mayoría de sus habitantes. No estaría de más reflexionar sobre estas cuestiones en España cuando el divorcio entre crecimiento y bienestar ha sido tan ostensible durante el auge y cuando la polarización social y la pugna distributiva se acentúan ahora durante el declive. Más que reactivar la actividad económica, habría que controlarla socialmente para evitar que se dirija de nuevo por sendas especulativas que redundan en perjuicio de la mayoría, alimentando nuevas burbujas y críticos sobresaltos. Para ello hay que abrir ese cajón de sastre monetario que es el PIB y mirar lo que hay dentro y lo que queda fuera, para separar el grano de la paja, distinguir los bienes de los males y debatir lo que interesa que crezca y lo que interesa que decrezca.

Por ejemplo, se debería cambiar el marco institucional que hizo del negocio constructivo-inmobiliario la verdadera industria nacional. Pues, para beneficio de algunos, hipotecó medio país y desencadenó un tsunami de obras que, además de impactar negativamente sobre la calidad de vida y sobre el patrimonio urbano y de los ecosistemas circundantes, originó a la vez viviendas desocupadas y necesidades de vivienda insatisfechas.

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miércoles, septiembre 02, 2009

Oskar Lafontaine: "La Izquierda quiere construir el puente hacia la era de la energía solar"

Stefan Reinecke/ Tageszeitung
Rebelion (traducción Ángel Ferrero)


Taz: ¿Qué tiene Ud. contra Los Verdes, Sr. Lafontaine?

Oskar Lafontaine: En su día Los Verdes fueron un partido pacifista. Hoy están a favor de la guerra en Afganistán. La guerra es la peor forma de destrucción del medio ambiente, con bombas de racimo y de uranio empobrecido. Ecología y guerra no son cosas para mí que vayan la una con la otra.

Me refiero a la campaña que lleva a cabo en el Sarre contra Los Verdes y que allí experimentan como una “campaña de destrucción”...

Los Verdes del Sarre nos han lanzado el guantelete, desafiándonos. Aún no han explicado a nadie por qué no me votarían como presidente del Sarre si obtuviese más votos que el SPD. Aquí tampoco se aclara [Renate] Künast, presidenta de los Verdes. Por nuestra “personalidad” como partido no puede el Verde Ramelow votarme presidente. Probablemente tendríamos que dejarnos caer por una de las sesiones de “entrenamiento de la personalidad” de la señora Künast.

Las encuestas apenas dan los suficientes votos para una coalición roji-roja (SPD-La Izquierda). ¿No es por lo tanto poco sabio atacar tan duramente a los Verdes?


Los Verdes nos necesitan tanto como el SPD. Sin una Izquierda fuerte, ni el SPD ni Los Verdes tienen ninguna oportunidad de entrar en el gobierno del Sarre. Por eso nos sorprende el desdén de Los Verdes. De hecho, hemos estado esperando a diario a que pusieran una vela por nosotros en la repisa de su ventana, invitándonos a entrar.

En el Sarre el SPD, Los Verdes y el partido de La Izquierda tienen posiciones parecidas, menos en lo que se refiere a la cuestión de la minería. El partido de La Izquierda quiere prolongar la vida de las minas, mientras que Los Verdes quieren ponerle fin. ¿Hasta qué punto es firme su propuesta de alargar las explotaciones mineras?


Queremos construir el puente hacia la era de la energía solar. Por eso estamos firmemente en contra de la energía atómica y buscamos alternativas a los combustibles fósiles como el carbón, el gas o el petróleo. En el Sarre queremos como mínimo evitar el desplazamiento forzoso de 1.700 mineros hacia Ibbenbüren, en Renania del Norte-Westfalia.

¿Debería continuar la minería en el Sarre?

Sí. Esperamos que la Deutsche Steinkohle, por presión del gobierno de Müller, no emprenda una política de hechos consumados.

¿Y si lo hace?

Podremos hacer un pronóstico de la posible continuación de la minería cuando tengamos datos fiables sobre la mesa. Y eso sólo será posible cuando estemos en el gobierno.

¿Puede una coalición rojo-rojo-verde estrellarse en la cuestión minera?

No tenemos aún ninguna experiencia electoral. Aparte de eso, yo no soy ningún profeta.

Permítame preguntarlo de otra manera: ¿No fuerzan acaso los políticos las similitudes entre ellos para una coalición rojo-rojo-verde?


Se dan numerosas coincidencias en la política educativa, por ejemplo. Nosotros queremos una educación más extensiva, la retirada del bachillerato exprés (Turboabiturs G8) y suprimir las tasas que han de pagar los estudiantes. Lo mismo ocurre con el apoyo a las energías renovables. El partido de La Izquierda quiere además la remunicipalización de la fuentes energéticas.

¿Y qué ocurrirá si se aprueba un presupuesto de austeridad? El secretario del SPD para el Sarre Heiko Maas no confía en que el partido de La Izquierda apoye medidas espinosas para él. ¿Sería el partido de La Izquierda un socio de coalición más fiable?

No sólo seríamos un socio de coalición más fiable, sino también uno con más experiencia. Además, no sé de ninguna propuesta presupuestaria de austeridad por parte del SPD o Los Verdes.

¿Puede el partido de La Izquierda adoptar un presupuesto de austeridad?

En los últimos años ya se han dado demasiados recortes a nivel social y personal. Nosotros no nos dejamos llevar por los cantos de sirena. Por eso proponemos aumentar las ganancias del estado aumentando, por ejemplo, los impuestos sobre las rentas más elevadas. Si tuviéramos un impuesto sobre las rentas más elevadas, uno como el que existe en el Reino Unido, tendríamos anualmente 90 billones de euros de ingresos adicionales. Para consolidar los presupuestos de los estados federados necesitamos de ganancias y de un verdadero crecimiento económico.

Sr. Lafontaine, a nivel federal el SPD busca desesperadamente un éxito en el Sarre, como una señal para las próximas elecciones al Bundestag. Éste se produciría si también el partido de La Izquierda fuese lo suficientemente fuerte. El SPD, a nivel federal, depende pues de manera indirecta del éxito del partido de La Izquierda. ¿Se alegra de ello?

La Izquierda se fundó para superar la economía neoliberal. Y siempre tuvo muy claro que no podía hacer esto por ella misma, sino con otros partidos amigos. Por eso nos alegramos cuando el SPD poco a poco se retracta de sus temores irracionales a mantener contactos con nosotros, que los partidos conservadores y conglomerados mediáticos les han metido en la cabeza. Espero que el SPD y Los Verdes acepten pronto el sistema de cinco partidos y reconozcan por fin con quién pueden realmente llevar a cabo reformas democráticas, ecológicas y sociales.

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lunes, junio 01, 2009

General Motors declara la mayor suspensión de pagos en la industria de EE UU

elpais

El grupo automovilístico General Motors ha presentado hoy ante un tribunal de Nueva York, tal y como se esperaba, la solicitud para acogerse al capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos en lo que supone la mayor suspensión de pagos de una empresa industrial en la historia. Concretamente, la compañía tiene un pasivo de 172.810 millones de dólares (122.500 millones de euros al cambio actual), a 31 de marzo de 2009, fecha en la que valora sus activos en 82.290 millones de dólares (58.360 millones de euros), lo que sitúa su déficit patrimonial en 90.520 millones de dólares (64.200 millones de euros).

Tras cuatro meses de contactos entre el fabricante de Detroit y Washington, General Motors, que cuenta con 230.000 empleados en todo el mundo y fabrica más de 20.000 coches cada día, no ha podido hacer nada más que declararse en suspensión de pagos para sobrevivir en un mercado muy diferente al que ha dominado durante 77 años y en el que ya no hay sitio para unos coches que han pasado a la historia por consumir ingentes cantidades de gasolina. Además, el anuncio de la empresa, la que mejor ejemplifica el sueño americano de los años 50 y que con su desarrollo hizo posible que millones de estadounidenses abrazasen la clase media, indica el final de una época.

General Motors, que cedió a Toyota el liderazgo del mercado mundial de ventas un año antes de cumplir su centenario en 2008, basó su expansión inicial en la compra de sus principales rivales como Cadillac, Buick u Oldsmobile. No obstante, tras sentar las bases de su éxito bajo el mandato de Alfred Sloan en 1923, no fue hasta después de la II Guerra Mundial, coincidiendo con los felices cincuenta y el triunfo del modelo de Estados Unidos en la esfera internacional, cuando la compañía alcanzó su máximo esplendor de la mano de Charles E. Wilson. En un claro ejemplo de la estrecha relación que existía entre el fabricante de Detroit y el desarrollo de la primera potencia mundial, Wilson llegó a ser nombrado Secretario de Defensa por el entonces presidente, Dwight Eisenhower.

Una vez confirmada su bancarrota, la cuarta más importante en la historia de Estados Unidos y la primera en el sector industrial de las manufacturas, el futuro de General Motors pasa ahora por el traspaso de sus activos de calidad a una nueva empresa en la que el Estado será el principal accionista con más de un 72,5% del capital junto con los sindicatos y acreedores, que recibirán a cambio de los 27.200 millones que les adeuda la empresa entre un 15 y un 25% de la nueva compañía.

Una apuesta arriesgada de Obama

Para ello, la Administración de Barack Obama pondrá sobre la mesa 30.100 millones de dólares (21.200 millones de euros) adicionales y ha avisado de que "no espera proveer ayuda adicional". La apuesta de Obama, que los analistas califican de arriesgada por la incógnita de si se podrá recuperar todo este dinero, supone la nacionalización del otrora mejor ejemplo del desarrollo del modelo capitalista americano pero que ha acabado sumido en las deudas víctima de una inadecuada gestión. Hasta la fecha, el Tesoro ha inyectado en el fabricante 19.400 millones de dólares (13.770 millones de euros) provenientes del dinero de los contribuyentes y cuyo reembolso es más que dudoso.

En cuanto al impacto de la decisión en Europa, el concurso de acreedores no afecta directamente a las actividades en el Viejo Continente gracias al acuerdo alcanzado para la cesión de los activos a la firma Adam Opel y el principio de acuerdo alcanzado con el Gobierno alemán para la entrada de la canadiense Magna en la filial alemana. No obstante, este acuerdo debe concretarse en las próximas semanas.

Para Estados Unidos, la última versión del plan de reestructuración que Obama exigió a General Motors contemplaba la supresión de 21.000 empleos, el cierre de 16 fábricas en Norteamérica (al final parece que van a ser 14: cuatro de montaje, cuatro de estampado y seis de ejes motor, la primera de ellas en junio) y la eliminación o venta de cuatro de sus marcas: Pontiac, Saturn, Hummer y Saab. Así, se centrará en cuatro marcas para su actividad en Norteamérica: Chevrolet, Cadillac, Buick y GMC. Por su parte, Pontiac desaparecerá a finales de 2010, mientras que Saab, Saturn y Hummer tendrán su propia solución.

Siguiendo con los planes de futuro, el Gobierno confía en poder dejar prontos las riendas de la dirección, una vez estabilizadas sus cuentas y superar el proceso de suspensión de pagos en un periodo que se prevé que dure entre los seis y 18 meses. En este sentido, la Casa Blanca asegura que General Motors, una vez se desprenda algunas de sus fábricas, recorte un excedente de plantilla que se eleva hasta los 21.000 trabajadores y cierre 2.641 concesionarios podrá subsistir incluso con su actual cuota de mercado, que no supera el 20%. Un porcentaje mínimo si se tiene en cuenta que llegó a vender uno de cada dos coches que circulaban por las carreteras de Estados Unidos y daba empleo a más de 600.000 personas en el país.

Sin embargo, la falta de visión de sus directivos para cambiar un sistema de producción de automóviles anquilosados en el pasado y la pujante competencia de los fabricantes asiáticos han acabado por tumbar a un gigante que, aunque parecía demasiado grande para caer, ha entrado en el siglo XXI con los pies de barro.

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lunes, mayo 25, 2009

Porsche al borde de la insolvencia por dificultades financieras

Efe/ lavanguardia
Berlín


El fabricante alemán de vehículos de lujo Porsche ha estado al borde de la insolvencia y ha necesitado de créditos del grupo Volkswagen para sortear la crisis financiera, revela hoy el semanario Der Spiegel en un adelanto de su próxima edición.

Según la revista, Porsche estuvo entre el 22 y el 24 de marzo pasado a punto de declararse insolvente y solo pudo capear la crisis gracias a un crédito puente de 700 millones de euros que le concedió Volkswagen con urgencia.

Añade que la situación del fabricante continúa siendo precaria, ya que dicho crédito tiene una validez de seis meses y la empresa necesita 2.500 millones de euros más para garantizar sus negocios actuales, de los que sólo ha conseguido hasta ahora 750 millones de euros.

Al parecer, el fabricante de automóviles de lujo recibió el pasado 24 de marzo un crédito de 10.000 millones de euros que le concedió un grupo de 15 bancos, fondos que utilizó para cubrir las deudas por la compra de acciones de Volkswagen.

Sin embargo y a la vez, varios bancos recortaron a Porsche aquellos créditos que iban a ser destinados al pago de las facturas de sus suministradores.

Der Spiegel destaca que el jefe de Porsche, Wendelin Wideking, se ha visto obligado a reconocer ante el consejo de vigilancia de su empresa que, pese a la prolongación del crédito de 10.000 millones de euros, se mantiene "la situación crítica".

Igualmente afirma que los miembros del clan familiar Porsche se han distanciado de Wideking, en el que han perdido la confianza y al que acusan de no preocuparse suficientemente de las finanzas de la empresa.

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viernes, mayo 08, 2009

Necesaria e insuficiente

EL PAÍS

El Banco Central Europeo (BCE) ha reducido sus principales tipos de interés de referencia en un cuarto de punto, como una medida absolutamente necesaria para combatir los estragos de la recesión económica. El que más interesa a las familias y empresas con deudas a tipos de interés variable, el tipo repo, ha caído al 1%; la facilidad marginal de crédito, al 1,75%. Al mismo tiempo, ha señalado que extiende el vencimiento de las inyecciones ilimitadas de liquidez hasta 12 meses. Pero el paso más importante del BCE es el anuncio de compra de titulizaciones y cédulas hipotecarias por un valor aproximado de 60.000 millones de euros. Con esta decisión, el BCE se suma acertadamente a las políticas monetarias poco convencionales que pretenden salvar directamente a las empresas afectadas por la parálisis de las instituciones financieras.

Con retraso respecto a los bancos centrales de Estados Unidos o Reino Unido, como si la escasez del crédito golpeara menos contundentemente a Europa o las amenazas inflacionistas aumentaran sus dudas, el BCE afronta la obligación de sortear las disfunciones de los mercados ante las resistencias que en el propio Consejo de Gobierno existen para reducir el tipo repo por debajo del nivel donde ahora ha quedado. La eurozona no va a sufrir una recesión menos grave que la estadounidense, ni sus consecuencias en relación con el paro van a ser menores. En el conjunto de las 16 economías que comparten moneda la amenaza inflacionista se ha esfumado; así parece demostrarlo la variación media del IPC en abril en el 0,6%, muy por debajo del 2%, camino de registros negativos en los próximos meses. Sin embargo, el BCE sigue titubeando a la hora de adoptar las medidas poco convencionales que la situación requiere. La única forma de recuperar el tiempo perdido y no agravar los factores recesivos en Europa es imitar las decisiones de la Reserva Federal y del Banco de Inglaterra y adquirir títulos de deuda, más allá de los ya decididos, ya sean emitidos por entidades privadas o públicas.

El abaratamiento del precio del dinero y la inundación de liquidez que están procurando los bancos centrales no son la condición suficiente para disolver la crisis financiera. Las economías occidentales están recibiendo un chorro de liquidez que no se canaliza eficazmente hacia los proyectos de inversión o hacia los créditos a particulares que deben constituir el principio de la recuperación económica. El problema de fondo sigue siendo la drástica contracción del crédito decidida por los bancos para hacer frente a la descomunal depreciación de sus activos detonada por la crisis de las hipotecas basura. Por más liquidez que haya, siempre será insuficiente si los intermediarios financieros tienen cerrada la ventanilla.

La iniciativa de la Fed de someter a 19 grandes bancos estadounidenses a pruebas de solvencia debe contribuir a que remita la incertidumbre sobre los balances bancarios y los propios bancos se decidan a restablecer el flujo de los préstamos. La prueba de solvencia revela que grandes instituciones, como el Bank of America, el Citigroup o Wells Fargo necesitan urgentes y cuantiosas aportaciones de capital; aportaciones a las que algunos podrán acceder en el mercado, pero que otros tendrán que requerir del Tesoro Público.

Timothy Geithner, el secretario del Tesoro, tiene por delante varias tareas delicadas. La más importante, sin duda, es decidir si las aportaciones de capital público deben transformarse en acciones con derechos políticos, para que los contribuyentes que salvan los bancos con su dinero tengan derecho a saber en qué se gasta el capital que aportan. Ya es hora de que los gestores que arruinaron el sistema financiero rindan cuentas exactas.

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El Roto: "Ayudad..."


El País

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jueves, abril 02, 2009

G20 protests: Man collapsed and died near Bank of England cordon

telegraph

The protester was understood to have been close to the police cordon at the Bank of England when he stopped breathing just before 7.30pm.

Another protester raised the alarm and police crossed over to help him, but were targeted by missiles and forced to move him to a clear area in front of the Royal Exchange where they gave him CPR.

Ambulance crews took him to hospital, but he was pronounced dead at 8pm.

An ambulance service spokesman said: "Our staff immediately took over the treatment of the patient and made extensive efforts to resuscitate him both at the scene and on the way to hospital."

A Metropolitan Police spokesman said: "A member of the public went to a police officer on a cordon in Birchin Lane, junction with Cornhill to say that there was a man who had collapsed round the corner.

"That officer sent two police medics through the cordon line and into St Michael's Alley where they found a man who had stopped breathing."

"The officers took the decision to move him as during this time a number of missiles – believed to be bottles – were being thrown at them."

According to one protester at the scene the man was in his 30s and died of natural causes.

The Directorate of Professional Standards at both the Metropolitan Police and City of London Police have been informed.

The Independent Police Complaints Commission will also be notified.

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miércoles, abril 01, 2009

Londres contra la cumbre del G-20



















































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domingo, febrero 08, 2009

Las fusiones entre bancos serán "inevitables" este año en España, según Ibercaja

Agencias/ eleconomista

Las fusiones entre bancos para crear entidades más grandes y bien capitalizadas serán "inevitables" este año en todos los países europeos, incluido España, según el director de análisis de Ibercaja Gestión, Alberto Espelosín. Estas integraciones definirán el futuro mapa bancario, que servirá de pulmón del sistema financiero para dinamizar de nuevo el flujo del crédito, "muy necesario" para que se reactive la economía, sumida en recesión desde el cuarto trimestre de 2008, indica.

A su parecer, la economía española no dará signos de crecimiento sólido hasta el segundo semestre de 2010, pero los estímulos monetarios aplicados por los bancos centrales y las políticas económicas de los países empezarán antes a estabilizar el sistema financiero.

En la última edición de la revista sobre fondos de inversión de la entidad financiera, Espelosín advierte de que en los próximos seis meses veremos "la peor cara" de la recesión, que obligará a la adopción de más medidas por parte de bancos centrales y gobiernos.

Para salir de la atonía, y a la luz de los bajos niveles de inflación, los institutos emisores aplicarán más medidas de flexibilización monetaria, mientras que los gobiernos "deberán utilizar al máximo todas las políticas económicas conocidas y las desconocidas".

El precio del dinero en el 1%

A su parecer, el Banco Central Europeo (BCE) debería situar el precio del dinero, ahora en el 2%, en el entorno del 1%, pero la bajada de tipos de interés no surtirá efecto en la economía a no ser que se traslade de forma "sustancial" a los tipos hipotecarios y el Euríbor.

Según sus previsiones, el indicador al que se referencian la mayoría de hipotecas en España se situará a corto plazo en el 2%, lo que contribuirá significativamente a aliviar las dificultades de las familias para hacer frente al pago de sus cuotas hipotecarias.

"Una mayor confianza en el sistema financiero y una mayor consolidación del mismo son los factores que ayudarán a seguir en esa tendencia bajista de tipos de interés por un periodo de tiempo muy largo", considera el experto.

Acabó la 'guerra del pasivo'

Con estos argumentos, advierte de que la guerra del pasivo que libraron las entidades el año pasado ya se ha acabado, sin que existan medidas razonables para ofrecer depósitos por encima del 3%, dada la caída del Euríbor y los avales concedidos por el Estado para las emisiones bancarias.

"Quien lo haga puede estar poniendo en peligro la cuenta de resultados o está muy convencido de vincular al cliente con otros productos de altas comisiones con los que recuperar la pérdida", advierte el analista de Ibercaja.

Sobre la evolución del sector inmobiliario, Espelosín vaticina que hasta dentro de ocho años, por lo menos, no se verán los "precios pico" correspondientes al año 2007, teniendo en cuenta la evolución experimentada en otros escenarios similares a las que atraviesa España en la actualidad.

El analista sostiene que estas predicciones se basan tanto en la realidad de otros países como en el stock de un millón de viviendas vacías y de una demanda real de viviendas de entre 150.000 y 200.000 viviendas en España.

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viernes, enero 16, 2009

Vuelven los PIGS

Fernando Fernández/ abc

Se acordarán de ese acrónimo nada cariñoso con el que los medios financieros internacionales agrupaban a Portugal, Irlanda, Grecia y España en la carrera por la Unión Monetaria. La idea era muy simple, son pequeños países exóticos, poco fiables, políticamente inestables y económicamente propensos al déficit público, la inflación y el populismo cuya entrada en el euro solo puede provocar su fracaso. La iniciativa tuvo un gran éxito mediático, probablemente como la campaña por hacer del ateísmo una nueva religión proselitista, pero no prosperó en círculos políticos y no impidió que España iniciase un largo periodo de prosperidad y crecimiento, gracias a una acertada gestión de la expansión monetaria resultante. Pero algunos olvidaron que los ciclos existen y que los viejos problemas vuelven con furia renovada si no se encauzan adecuadamente. Es sorprendente que la misma generación de políticos socialistas que sigue dando vueltas a los males de la patria, como la cuestión religiosa o territorial, haya despreciado la cuestión económica o la haya creído resuelta para siempre.

Standard and Poor´s ha puesto el rating de España en observación, como antes había hecho con Irlanda y Grecia, y se ha vuelto a disparar el furor patriótico contra la pérfida Albión y sus secuaces. Aunque con un poquito más de sofisticación que cuando el famoso artículo del «FT» sobre la banca española. El presidente Zapatero ha cuestionado la credibilidad de las propias agencias de rating. Tiene razón en que no han quedado muy bien en la presente crisis, pero de nada sirve matar al mensajero. Casualmente acabo de ver en la serie «Los Tudor» cómo Enrique VIII maltrató delante de Ana Bolena al mensajero de Catalina de Aragón. Pero no le sirvió para evadir las consecuencias históricas de su decisión, ni a la ilustre señora para salvar el pescuezo. Las agencias de rating serán un desastre, pero mientras no haya otra cosa, señor presidente, mueven los mercados. Como estamos viendo esta misma semana en que el diferencial del bono español con el alemán bate niveles nunca vistos con el euro. Se cuestiona nuestra credibilidad económica y fiscal, esta es la realidad. Podemos ignorarlo, escandalizarnos o hacer algo para arreglarlo. Ya hemos hecho bastante de los dos primeros: un año negando la crisis y sacando pecho con la economía española para luego encabezar las cifras de deterioro económico de Europa; excesivos insultos y descalificaciones a los que nos sacan los colores y desvelan nuestras miserias. Hora va siendo ya de ponerse a trabajar para evitar volver al club de los alumnos perezosos y poco recomendables.

Cuando se cuestiona la solvencia de las cuentas públicas españolas a medio plazo, que es lo que significa, para entendernos, una rebaja de rating, se está advirtiendo a los posibles compradores de deuda española, pública y privada, de la posibilidad de que no podamos hacer frente a nuestros compromisos. Convendría por tanto analizar con todo rigor y detalle las perspectivas, la dinámica, de gastos e ingresos públicos para ver su solvencia. Los ingresos públicos han caído un 20 por ciento el año pasado, lo que da idea de su especial vinculación a la burbuja inmobiliaria. El superávit de la Seguridad Social ha desaparecido en cuanto el número de afiliados ha dejado de crecer, lo que revive las dudas sobre la viabilidad de nuestro sistema de prestaciones sociales. El gasto público recurrente aumenta dos veces el PIB nominal y se siguen aprobando nuevos derechos económicos, como si la caja estuviese llena. Se abre innecesariamente la financiación autonómica -había un acuerdo unánime que el estatuto de Cataluña echó por los aires- y se cierra al grito de quién quiere más, que hay barra libre y paga la décima potencia el mundo. Y se consigue que España pase en un año del puesto 46 al 49 en la clasificación del Banco Mundial de países atractivos para la inversión extranjera. Son pequeños detalles que convendría no olvidar antes de lanzarnos como sabuesos sobre los pobres inversores internacionales, a los que les tenemos que pedir dinero o vender las joyas de la Corona. Menos política y más gestión, querido presidente, sería un buen propósito de año nuevo, aunque tenga que cambiar gran parte del Ejecutivo.

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El nuevo consenso capitalista en ciernes

Walden Bello/ lahaine

No resulta sorprendente que el rápido deterioro de la economía global, combinado con la llegada a la presidencia de los EEUU de un liberal de izquierda afroamericano, haya hecho concebir entre millones de personas la esperanza de que el mundo se halla en el umbral de una nueva era.

Es verdad que algunos de los nombramientos recientes de Obama –señaladamente, el del exsecretario del Tesoro, Larry Summers, para dirigir el Consejo Económico Nacional, el de Tim Geithner, jefe del Comité de la Reserva Federal de Nueva York, para desempeñar el cargo de secretario del Tesoro y el del antiguo alcalde de Dallas, Ron Kirk, para Comercio— han despertado cierto escepticismo. Pero la sensación de que las vetustas fórmulas neoliberales están de todo punto desacreditadas ha convencido a muchos de que el nuevo liderazgo demócrata en la economía más grande del planeta romperá con las políticas fundamentalistas de mercado imperantes desde comienzos de los 80.

Ni que decir tiene que una cuestión importante pasa por saber hasta qué punto la ruptura con el neoliberalismo será decisiva y definitiva. Sin embargo, otras cuestiones apuntan al corazón mismo del capitalismo. La propiedad pública, la intervención y el control, ¿se ejercerán simplemente para estabilizar al capitalismo, para luego devolver el control a las elites empresariales? ¿Veremos una segunda ronda de capitalismo keynesiano, en la que el Estado, las elites granempresariales y las organizaciones sindicales colaborarán sobre una base de política industrial, crecimiento y salarios elevados (aunque, esta vez, con una dimensión verde añadida)? ¿O asistiremos al comienzo de una serie de alteraciones fundamentales en la propiedad y el control de la economía en una dirección más popular?

El sistema global del capitalismo pone, ciertamente, límites al alcance de las reformas, pero ningún otro momento del pasado medio siglo han sido esos límites más fluidos e inciertos.

El presidente francés Nicolas Sarkozy ya ha hecho su apuesta: tras declarar que "el capitalismo de laissez-faire ha muerto", ha creado un fondo de inversiones estratégicas de 20 mil millones de euros para promover la innovación tecnológica, mantener en manos francesas los sectores industriales avanzados y conservar puestos de trabajo. "El día en que dejemos de construir trenes, aviones, automóviles y barcos, ¿qué quedará de la economía francesa?, se preguntaba retóricamente hace pocos días. "Recuerdos. Pero yo no quiero que Francia se convierta en una mera reserva turística". Este tipo de política industrial agresiva, pensada para atraerse a la clase obrera blanca tradicional, podría ir de la mano de las políticas antiinmigratorias excluyentes con las que ha solido asociarse al presidente francés.

Socialdemocracia global

Sin embargo, un nuevo keynesianismo nacional conforme a las líneas de Sarkozy no es la única alternativa de que disponen las élites. Dada la necesidad de legitimación global para promover sus intereses en un mundo cuyo equilibrio de poder se está desplazando hacia el Sur, a las élites occidentales podría resultarles más atractivo un vástago de la socialdemocracia europea y del liberalismo New Deal que podríamos llamar "Socialdemocracia Global", o SDG.

Antes incluso de que se desarrollara por completo la actual crisis financiera, los partidarios de la SDG ya habían empezado a adelantarla como una alternativa a la globalización neoliberal, respondiendo a las cuitas y a las tensiones provocadas por esta última. Una personalidad vinculada a la SDG es el actual primer ministro británico, Gordon Brown, quien encabezó la respuesta europea al desplome financiero abogando por la nacionalización parcial de los bancos. Considerado por mucha gente el padrino de la campaña "Convirtamos la pobreza en historia" en el Reino Unido, Brown, siendo todavía el canciller de finanzas británico, propuso lo que llamó una "capitalismo fundado en la alianza" entre el mercado y las instituciones estatales, capaz de reproducir a escala global lo que, según él, habría hecho Franklin Delano Roosevelt a escala económica nacional, a saber: "garantizar los beneficios generados por el mercado y, a la par, domar los excesos de éste".

Se trataría, según Brown, de un sistema que "incorporaría todos los beneficios de los mercados y de los flujos de capitales globales, minimizaría los riesgos de crisis y desplomes, maximizaría las oportunidades de todos y sostendría a los más vulnerables. Significaría, en una palabra, restaurar, a escala económica mundial, el empeño y los elevados ideales públicos".

En la articulación de un discurso socialdemócrata global se ha unido a Brown un heterogéneo grupo formado, entre otros, por el economista Jeffrey Sachs, George Soros, el antiguo secretario general de la ONU Kofi Annan, el sociólogo David Held, el Premio Nobel Joseph Stiglitz hasta Bill Gates. Hay entre ellos, huelga decirlo, diferencias de matiz, pero la dirección de sus perspectivas es la misma: implantar un orden social reformado y lograr la revitalización del consenso en torno al capitalismo global.

Entre las posiciones clave avanzadas por los partidarios de la SDG están las que siguen:

La globalización es esencialmente beneficiosa para el mundo; los neoliberales simplemente han arruinado la gestión de la misma y la tarea de venderla a la opinión pública.

Es urgente salvar rescatar la globalización, arrancándola de las manos neoliberales: porque la globalización es reversible, y lo cierto es que podría haber empezado ya el proceso de su reversión.

El crecimiento y la equidad pueden entrar e conflicto, en cuyo caso hay que dar primacía a la equidad.

Es posible que el libre comercio no sea beneficioso a largo plazo, y es posible que mantenga en la pobreza a la mayoría; por eso es importante que los acuerdos comerciales estén sujetos a condiciones sociales y medioambientales.

Hay que evitar el unilateralismo y, al propio tiempo, hay que emprender reformas fundamentales de las instituciones y de los acuerdos multilaterales, un proceso que podría entrañar la liquidación o la neutralización de varios de ellos, como el Acuerdo Comercial para los Derechos de Propiedad Intelectual (TRIP, por sus siglas en inglés) establecido en el marco de la Organización Mundial de Comercio.

La integración social global, o la reducción de las desigualdades dentro de las naciones y entre las naciones, debe ir de la mano de la integración del mercado global.

La deuda global de los países en vías de desarrollo ha de ser cancelada, o al menos, drásticamente reducida, a fin de que los ahorros puedan usarse para estimular a la economía local, contribuyendo así a la reflación global.

La pobreza y la degradación medioambiental son tan graves, que hay que poner por obra una programa masivo, una especie de "Plan Marshall" del Norte para las naciones del Sur en el marco de los "Objetivos de Desarrollo del Milenio".

Hay que lanzar una "Segunda Revolución Verde", particularmente en África, a través de la generalizada adopción de las semillas genéticamente modificadas.

Hay que dedicar grandes inversiones para poner a la economía global en una senda medioambientalmente más sostenible, y los gobiernos deben encabezar esos programas ("keynesianismo verde" o "capitalismo verde").

Las acciones militares para resolver problemas deben preterirse a favor más bien de la diplomacia y del "poder blando", pero deben mantenerse las intervenciones militares humanitarias en situaciones de genocidio.

Los límites de la Socialdemocracia Global

La Socialdemocracia Global no ha merecido hasta ahora demasiada discusión crítica, tal vez porque el grueso de los progresistas siguen empeñados en la última guerra, esto es, la guerra contra el neoliberalismo. Pero hacer su crítica es urgente, y no solo porque la SDG es el más candidato más probable como sucesor del neoliberalismo. Más importante aún es el hecho de que, aun cuando la SDG tiene algunos elementos positivos, tiene también, como su antecesor, el paradigma socialdemócrata de impronta keynesiana, bastantes rasgos problemáticos.

Comencemos por resaltar los problemas que presentan cuatro elementos centrales de la perspectiva SDG.

Primero: la SDG comparte con el neoliberalismo el sesgo favorable a la globalización, diferenciándose sólo por su promesa de promover una globalización mejor que la de los neoliberales. Eso, sin embargo, monta tanto como decir que basta añadir la dimensión de la "integración social global" para que un proceso que es intrínsecamente destructor y desbaratador, tanto social como ecológicamente, resulte digerible y aceptable. La SDG parte del supuesto de que las gentes quieren realmente formar parte de una economía global funcionalmente integrada en la que desaparezcan las barreras entre lo nacional y lo internacional. Sin embargo, ¿acaso no preferirían formar parte de economías sometidas a control local? ¿No es más cierto que preferían poner coto a los caprichos y extravagancias de la economía internacional? En realidad, la actual trayectoria descendente de las economías interconectadas confirma la validez de una de las críticas básicas al proceso de globalización por parte del movimiento antiglobalización.

Segundo: la SDG comparte con el neoliberalismo la preferencia por el mercado como mecanismo principal de producción, distribución y consumo, diferenciándose fundamentalmente por su insistencia en el papel del Estado a la hora de corregir los fallos del mercado. El tipo de globalización que el mundo necesita, según Jeffery Sachs en su libro The End of Poverty [El final de la pobreza], pasaría por "represar… la formidable energía del comercio y la inversión, reconociendo y corrigiendo las limitaciones mediante una acción colectiva compensatoria". Eso es harto distinto de sostener que la ciudadanía y la sociedad civil deben tomar las decisiones económicas clave, limitándose el mercado y la burocracia estatal a no ser sino mecanismos de ejecución de la toma democrática de decisiones.

Tercero: la SDG es un proyecto tecnocrático, con expertos excogitando y llevando a término reformas sociales desde arriba, no un proyecto participativo en el que las iniciativas discurren de abajo arriba.

Y cuarto: la SDG, aunque crítica con el neoliberalismo, acepta el marco del capitalismo monopolista, que descansa, básicamente, en el beneficio dimanante de la extracción explotadora de plusvalía procedente del trabajo, que va de crisis en crisis por sus inherentes tendencias a la sobreproducción y que, con su búsqueda de rentabilidad, tiende a chocar con los límites medioambientales. Lo mismo que el keynesianismo tradicional a escala nacional, la SDG busca, a escala global, un Nuevo compromiso de clase que vaya de la mano de nuevos métodos para contener o minimizar la tendencia a las crisis consubstancial al capitalismo. Así como la vieja socialdemocracia y el New Deal trajeron estabilidad al capitalismo a escala nacional, la función histórica de la SDG es mitigar las contradicciones del capitalismo global contemporáneo y relegitimar al mismo tras la crisis y el caos dejados por el neoliberalismo. En su misma raíz, la SDG tiene que ver con un problema de gestión social.

Obama tiene el talento de tender puentes entre discursos políticos diferentes. Es, asimismo, una tabula rasa en lo tocante a economía. Como Roosevelt en su día, no está atado a fórmulas del ancien régime. Es un pragmático, cuyo criterio clave es el éxito en la gestión social. Como tal, se halla en una posición única para encabezar esa ambiciosa empresa reformista.

La izquierda debe despertar

Mientras la izquierda estaba embarcada en una Guerra sin cuartel al neoliberalismo, el pensamiento reformista iba calando entre círculos reformistas del establishment. Y ese pensamiento está ahora a punto de convertirse en política: la izquierda debe redoblar sus esfuerzos para estar a la altura. No es sólo cosa de pasar de las críticas a las propuestas constructivas. El reto es superar los límites puestos a la imaginación política de la izquierda por la combinación de la agresividad del desafío neoliberal en los años 80 con el colapso de los regímenes de socialismo burocrático a comienzos de los 90. La izquierda debería ser capaz, de nuevo, de atreverse a aspirar a modelos de organización social que apuntaran sin reservas a la igualdad y al control democrático-participatorio tanto de la economía nacional como de la economía global, condiciones necesarias para la emancipación individual y colectiva.

Lo mismo que el viejo régimen keynesiano de posguerra, la SDG tiene que ver con la gestión social. En cambio, la perspectiva de la izquierda es la liberación social.

Foreign Policy in Focus. Traducción para sinpermiso.info: Mínima Estrella. Revisado por La Haine

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viernes, octubre 17, 2008

Un cambio de paradigma

Aleix Vidal-Quadras/ larazon

La crisis financiera global se ha llevado por delante bancos de inversión, compañías de seguros, millones de empleos, una cuadrilla huidiza de presidentes ejecutivos blindados de oro y toda una época de tipos de interés irrisorios, frenesí constructor y malabarismos creativos de títulos de deuda envenenados. Los días de vino, rosas y bonus de leyenda se han terminado. Un viento helado sopla sobre las ruinas de los templos de Wall Street mientras la banca vuelve a ser, oh maravillas del túnel del tiempo, subrepticiamente nacionalizada. Pero es bien sabido que los desastres representan también oportunidades para los mejor dotados y más capaces de adaptarse. Por eso, una determinada escuela de pensamiento en el Partido Popular imagina ronroneante que de los escombros de un socialismo abrumado por la debacle surgirá impetuosa el ave fénix de su victoria electoral. Yo no tengo nada contra el optimismo, pero siempre que vaya acompañado del acierto y de la acción. Hace un mes y medio, la primera fuerza de la oposición presentó una batería de medidas para recuperar la confianza de la economía española voluntariosamente denominada «La alternativa económica del PP». Eran propuestas sin duda en la dirección correcta en los campos de la fiscalidad, de la austeridad de la Administración, de la transparencia, de la creación de empleo, de la lucha contra la inflación y de la unidad de mercado. Por desgracia, el estrépito de acontecimientos posteriores las ha sepultado en el olvido no porque no fueran adecuadas, que lo eran y lo son, sino porque no atacaban la raíz del problema que padecemos. La situación que nos aflige no se arregla con iniciativas correctoras del statu quo imperante. Exige, en efecto, un nuevo paradigma que a su vez implica el riesgo de herir sensibilidades, derribar dogmas y desvelar verdades desagradables. Para ello se necesita coraje, capacidad de convicción, ambición intelectual y estatura política. No son momentos para ver pasar los acontecimientos, hay que correr más que ellos hasta rebasarlos y domarlos en un rodeo que doblegue por fin a la fiera que nos cornea cada día en los parqués.

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miércoles, octubre 08, 2008

El fin del 'capitalismo de casino'

Mário Soares/ elpais

A la cuestión que sirve de título a este artículo -y que se plantean hoy las conciencias de tantos ciudadanos- ha de anteponerse otra: ¿de qué clase de capitalismo estamos hablando? La respuesta es aparentemente sencilla: de la fase actual del capitalismo financiero y especulativo, también llamada por algunos capitalismo de casino, que implica una teologización del mercado que le permitió desenvolverse, en estos años de globalización descontrolada, sin reglas éticas ni la menor preocupación social ni ambiental. ¡Una auténtica locura!

Esa clase de capitalismo que creía en una especie de mano invisible y en la autorregulación del mercado ha desembocado, sin gloria alguna -y habrá que tomar conciencia de ello-, en la gravísima crisis financiera que Estados Unidos está viviendo dramáticamente, que es la de un modelo que quisieron imponer al mundo. Crisis que está teniendo hoy reflejos muy graves en Europa, en Rusia, en China y en otras regiones. Es mera cuestión de tiempo.

Con todo, parece que cuesta aceptar, incluso por parte de los principales responsables del origen de la crisis, hasta ahora impunes, que resulta fundamental cambiar el modelo económico neoliberal para que Occidente no se precipite en una irremediable decadencia. Y juzgar y condenar a los culpables. Para que todo se resuelva, no basta con inyectar 700.000 millones de dólares de dinero público (o sea, de los contribuyentes) con el fin de salvar de la quiebra a bancos y aseguradoras, como Bush se propone hacer con su plan de emergencia -"para evitar", dice, "un colosal desastre"- y sin mostrar el menor sentido autocrítico.

En primer lugar, resulta dudoso que estas medidas puedan resolver el gravísimo problema estructural en el que se debate Estados Unidos. Y, en segundo lugar, la negociación que se ha desatado en el Congreso se ha revelado extraordinariamente compleja y, pese a las mayorías conseguidas en ambas Cámaras, ha evidenciado la dificultad de alcanzar un consenso en la fase más aguda de la campaña electoral norteamericana. Y es que lo que está en juego es si se tiene o no la lucidez y las fuerzas necesarias para cambiar el paradigma neoliberal seguido hasta ahora y para juzgar a los responsables de este desastre; o si, por el contrario, lo que tan sólo se pretende es "cambiar algunas cosas para que todo siga igual", como decía un personaje de Lampedusa, en su famosa novela El Gatopardo.

El capitalismo, desde el siglo XVI -el de los grandes descubrimientos-, ha pasado por varias fases: primero, comercial e industrial -en la época de la Revolución Industrial-; después, tras la hecatombe que supuso la II Guerra Mundial -y dada la rivalidad del bloque comunista-, con la experiencia del New Deal estadounidense y de las socialdemocracias escandinavas surgió un capitalismo de marcada dimensión social y pleno empleo, exigido por los compañeros de los sindicatos y por las llamadas sociedades "del bienestar" de los "treinta años gloriosos" de la Europa de la posguerra.

Todo ello, sin embargo, empezó a ser puesto en cuestión con la llegada al poder de la señora Thatcher y, más tarde, de Ronald Reagan. El colapso del comunismo (1989-1991) sentó las bases para el desarrollo de la teoría de la hegemonía y de la unilateralidad norteamericanas, que llegó a su apogeo con George W. Bush y la ascensión de los neocons, ultraliberales en el plano económico, para quienes el mercado -y el dinero- son ideales y valores supremos.

Empezó entonces la fase de la globalización neoliberal, sin regulación alguna, de las fusiones de bancos y de las deslocalizaciones de empresas; de los grandes negocios bajo sospecha y de los escándalos financieros; de los paraísos fiscales, del monstruoso crecimiento del déficit de la deuda pública de Estados Unidos, soportado por la compra de títulos del Tesoro americano a cargo de China, de Rusia y de los potentados del petróleo de la zona del Golfo.

Pues bien, es esa fase de capitalismo de casino la que ahora ha llegado a su fin. ¿Que seguirá ahora? Desgraciadamente, no se dan las condiciones internacionales que permitan presentar alternativas con un mínimo de consistencia. El retorno a modelos sociales y medioambientales parece estar imponiéndose. Es aquí donde vuelve a surgir la propuesta del socialismo democrático o la socialdemocracia, siempre que esté regulado por principios éticos y respete la economía de mercado.

De repente, por todas partes, empiezan a oírse gritos de que ha llegado la hora de la izquierda. Pero, ¿de qué izquierda? Obviamente, de la izquierda reformista, con un amplia representación sindical, social y ambiental, por más que esté hoy algo desacreditada por haber pactado con el neoliberalismo en los últimos años. Por esa razón, hay que replantearse la izquierda, como lo están haciendo, por ejemplo, el SPD alemán y el PS francés y acaso, en sordina, el laborismo inglés. Pero mucho depende también del resultado de las elecciones americanas y de esa victoria de Obama por la que toda la izquierda europea está apostando.

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viernes, septiembre 26, 2008

La Iglesia de Inglaterra reivindica el anticapitalismo de Marx y llama "atracabancos" al sector financiero

EP/ Eva Martínez Millán/ elperiodico
Londres


La Iglesia de Inglaterra ha sumado su voz a las críticas contra las prácticas de la industria financiera que han conducido a la crisis económica internacional y, tras condenar a los "atracabancos" que las promovieron, ha reivindicado los augurios apuntados en el siglo XIX por Karl Marx acerca de los perniciosos efectos que subyacían en el capitalismo.

Los dos principales responsables de la confesión anglicana, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, y el de York, John Sentamu, han reaccionado ante los últimos reveses de los mercados que han obligado a la intervención gubernamental en las principales potencias y han reclamado una regulación más estricta que permita a la banca recuperar el "contacto con la realidad".

Mientras el líder supremo de la Iglesia de Inglaterra ha considerado, en un artículo en la revista Spectator, que el filósofo alemán había acertado con su diagnóstico sobre la naturaleza del capitalismo, Sentamu ha censurado las reglas del sector financiero como propias de "Alicia en el país de las Maravillas".

Situación irreal

"No tiene sentido pretender que las finanzas pueden mantener indefinidamente el grado de exención de escrutinio y regulación al que estaban acostumbradas", ha subrayado Rowan Williams, para quien "la crisis expone el nivel de irrealidad de la situación", a la que ha definido como una "riqueza casi inimaginable generada a partes iguales por grados impensables de ficción y transacciones sin resultados concretos más allá de los beneficios para los corredores de bolsa".

En este sentido, el arzobispo de Canterbury ha declarado que "Marx se dio cuenta hace tiempo de qué manera el capitalismo desaforado podría llegar a ser una forma de mitología que confiriese realidad y poder a cosas que no tenían vida en sí mismas". "En eso tenía razón, si es que no en algo más", ha aseverado.

Depreciación deliberada de acciones

John Sentamu ha censurado los comportamientos a los que la Autoridad de Servicios Financieros británica ha tenido que poner coto temporalmente tras la operación de rescate HBOS por parte de Lloyds.

"Aquellos que han hecho 190 millones de libras a partir de una deliberada depreciación de las acciones de HBOS, a pesar de una potente base de capital, llevándolas a los brazos de Lloyds, son unos atracabancos", ha manifestado.

"En la última semana sus sistemas han quedado cerca de la ruina porque ahora el dinero ya no es la fórmula de intercambio de bienes, sino el propio producto en venta", ha dicho Sentamu. "Estamos en un sistema de mercado que parece tener reglas sacadas de Alicia en el País de las Maravillas", ha sentenciado.

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lunes, septiembre 22, 2008

Leyes entre paréntesis

elpais

El presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, hizo unas sonadas declaraciones solicitando un paréntesis en el mercado. Aunque es difícil saber a qué se refería exactamente el representante de los empresarios, la petición resulta insólita. No porque proceda de alguien a quien se supone convencido de que el juego de la oferta y la demanda es el mejor sistema, sino porque ese alguien reconoce implícitamente que el mercado, por sí solo, no sería capaz de hacer un paréntesis. Según está la economía internacional, Díaz Ferrán arriesgó mucho con estas declaraciones, hasta casi incurrir en una temeridad. Algún contribuyente irritado después de haber perdido grandes cantidades en la Bolsa e, incluso, puestos de trabajo que hasta ayer parecían indestructibles, podría haberle respondido que si el mercado no sabe hacer un paréntesis, cómo esperar que sepa hacer la o con un canuto. Al fin y al cabo, el paréntesis parece la figura más sencilla, y las declaraciones de Díaz Ferrán han puesto la torpeza del mercado en evidencia.

La petición de Díaz Ferrán debe tener algún destinatario. Puede suponerse que se trata del Estado, del que los empresarios, como el resto de los mortales, sólo parecen acordarse cuando truena. Fuera así o no, el presidente de la CEOE ofreció un rato de solaz a los ciudadanos más preocupados por la crisis, puesto que les invitó a representarse esta economía que no trae más que quebraderos de cabeza como un subgénero destacado de la ciencia-ficción. Qué tranquilizador sería un mundo como el que parece proponer Díaz Ferrán; un mundo en el que los Gobiernos, todos los Gobiernos, dispongan de un interruptor para activar o desactivar el mercado a conveniencia, haciendo paréntesis de todos los tamaños.

Aunque puestos a soñar, habría que lanzar la imaginación en dirección a las alturas y no conformarse con un simple paréntesis en la economía de mercado. Una mínima ambición ante estos tiempos de crisis debería animarnos a exigir paréntesis en todas y cada una de las leyes que penden sobre nuestras cabezas. A empezar por la más implacable de todas, la ley de la gravedad.

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domingo, septiembre 21, 2008

¿Cuándo acabará la crisis?

Juan Ignacio Crespo/ elpais

¿Cuándo acabará la crisis? ¿Es razonable hacerse una pregunta tan ambiciosa y, ya no digamos, intentar responderla?

Sí y no. No porque, las predicciones, incluso cuando aciertan, se suelen hacer realidad de manera muy diferente de como fueron concebidas. Y sí porque cuando las economías se adentran en aguas sin cartografiar es mejor que lo hagan dotadas de una hipótesis de trabajo con la que comparar los acontecimientos.

Una posible carta de navegación para los próximos años la proporcionan las pautas de comportamiento que pueden, mejor que peor, identificarse en las pasadas crisis. Con ellas en la mano, puede aventurarse que la fase aguda que afecta a los mercados financieros tiene todavía un año más de recorrido, hasta el otoño de 2009, cuando, previsiblemente, las bolsas llegarán a su nivel más bajo de este ciclo. A partir de ese momento, y coincidiendo con la recuperación de los índices, el estado de ánimo general empezará a mejorar, aunque aún le quedará seguramente un año más de fase aguda al sector inmobiliario (sobre todo si se ve afectado el sector de oficinas y locales comerciales), así como a las cajas de ahorros y a los bancos más volcados en el crédito hipotecario. El final de la fase aguda habría que situarlo, por tanto, a finales de 2010.

Sin embargo es probable que haya también una fase crónica cuya duración (calculada utilizando los mismos patrones históricos) podría prolongar hasta siete años más la enfermedad que padecen las economías desarrolladas.

¿Y cómo describir esa fase crónica? Con lo que en la jerga anglosajona suele llamarse double dip o triple dip. Es decir, la doble o triple caída que, tras haberse recuperado del tropezón inicial, sufrirán probablemente las economías de Occidente que habrían entrado así en un largo periodo en el que alternar aceleradamente crecimiento y recesión.

Lo errado o correcto de este diagnóstico dependerá del acierto en elegir las referencias históricas adecuadas, que en este caso son la recesión norteamericana de 1907 (con las dos recaídas que la siguieron) y la de 1973-1975 (junto con las dos recaídas del periodo 1980-1982). Y de lo que de original e inesperado tenga la crisis actual.

Una comparación así tiene algo malo y algo bueno. Lo malo es que las dificultades económicas son de orden superior a las experimentadas en cualquiera de los últimos 25 años y lo bueno es que quedarán muy lejos de la gravedad de la conocida Gran Depresión de los pasados años treinta, y también muy lejos de lo sucedido en otro periodo poco conocido al que suele llamarse la otra Gran Depresión (años setenta del siglo XIX). Una situación, si el diagnóstico es correcto, mala pero no desesperada, en la que la buena gestión de la crisis de liquidez actual por parte de los bancos centrales ha conjurado el peligro de las quiebras bancarias masivas propias de los años treinta (entonces se redujo el producto nacional neto de Estados Unidos a la mitad) y que, sin embargo, podría hacer que viéramos caídas del PIB de la magnitud de la que experimentó el de Estados Unidos en 1982: 1,9% negativo.

Las semejanzas y diferencias entre los periodos comparados darían para horas de discusión. Sin embargo, lo que hace únicas en la historia la crisis actual y la de los años 1973-1975 es que la desaceleración de las economías coincide con una fuerte subida del precio de las materias primas (en otras recesiones lo normal es que el retroceso de la demanda hiciera caer el precio de éstas). De ahí que lo específico e inusual tanto de los años setenta como del momento actual sea que el retroceso de la actividad se produce a la vez que la subida de los precios. Y, por si eso fuera poco, hasta el diagnóstico sobre el origen o el factor de aceleración de ambas crisis es idéntico: la política monetaria extremadamente laxa de la Reserva Federal norteamericana en 1971-1972, primero (para huir de la recesión de 1970), y de 2001-2004, después (para huir de la de 2001). En ambos casos, la política de dinero fácil terminó provocando los excesos especulativos y el aumento de la inflación. (En 1907 no existía la Reserva Federal, pero también los excesos en la compra de activos a crédito precipitaron la crisis).

¿Por qué es tan difícil la situación?

Porque buena parte de los recursos propios de bancos y cajas de ahorro se ha destruido o se va a destruir en este proceso, por lo que necesitarán un tiempo para reconstruirlos, reduciendo o eliminando el pago de dividendos (o de sus dotaciones a la obra social en el caso de las cajas), así como realizando ampliaciones de capital para, de esta forma, poder volver a conceder el nivel de préstamos que permite crecer a las economías. Mientras dure esa situación los préstamos serán, pues, más escasos y caros.

En paralelo, el sector inmobiliario de países como España o Estados Unidos tendrá que dar salida a la acumulación de viviendas no vendidas, algo que impone un parón de la construcción. Y la construcción es el sector que con mayor rapidez crea o destruye empleo.

Habrá en el proceso sectores más perjudicados que otros. De manera muy general puede decirse que si la comparación con 1974 es adecuada, los tipos de interés se mantienen bajos y la inflación relativamente alta (es decir, con tipos de interés reales negativos como ya ocurre en este momento) se producirá una tremenda transferencia de riqueza desde los ahorradores hacia los deudores ya que a la vez que el ahorro pierde poder adquisitivo el coste real de devolver una deuda con inflación por medio se reduce.

¿Se puede hacer algo para salir de la crisis?

Desgraciadamente, a corto plazo, no. O muy poco. Aquí las grandes líneas de actuación siguen siendo las de los años setenta y ochenta que ya se esbozan en las propuestas que hacen los grandes partidos: reducción de trámites y de impuestos (sociedades y plusvalías), desde la derecha, y aumento del gasto social y de las obras públicas, desde la izquierda. Cada una de esas propuestas ha dado buenos resultados en algún momento de la historia: con Ronald Reagan, las primeras, y con Franklin D. Roosevelt, las segundas. Aunque en ambos casos tras periodos tan largos de dificultades económicas que se puede dudar de cuál fue el mérito de las medidas y cuál el del paso del tiempo. La debilidad de los sindicatos y el aumento del desempleo probablemente impedirá que se genere la espiral incremento de precios/incremento de salarios que también caracterizó los años setenta.

Sea como sea, los desequilibrios internacionales son demasiado grandes como para que cualquier país pueda hacer nada aisladamente. Además, el margen fiscal de que goza Estados Unidos es demasiado bajo (con un déficit camino del 5% de su PIB) y el que fue superávit español era demasiado pequeño para la magnitud del desafío. Con el agravante, en el caso español, de que cualquier política de obras públicas que no vaya coordinada con el resto de la Unión Europea agravará el déficit comercial que ya acumula España. Y es que crecer cuando tus socios comerciales no lo hacen está fuertemente contraindicado como aprendieron a su costa en el primer Gobierno de François Mitterrand cuando el intento de salir por su cuenta de la crisis de los setenta llevó al sector exterior y al franco francés a una situación insostenible.

En el corto plazo, pues, la situación no va a mejorar. Ni siquiera está claro que las materias primas hayan alcanzado ya sus precios máximos. No al menos hasta que haya pasado un otoño preñado de los peligros que el vacío de poder que se produce en la Casa Blanca durante la campaña electoral norteamericana alienta, imán inevitable de las tensiones geopolíticas.

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