Denuncias por vivienda

Contra la vivienda indigna. V de Vivienda. Todos juntos podemos.

viernes, septiembre 28, 2007

El precio de los pisos se congela en las Islas

José Miguel Pérez/ canarias7
Las Palmas de Gran Canaria


La patronal advierte que el sector seguirá sumando desempleados en 2008

La recesión en el negocio inmobiliario en Canarias se mantendrá en el 2008 y sus consecuencias se extenderán al conjunto de la economía isleña. La patronal advierte que continuará creciendo el número de parados en el sector de la construcción. Mientras, el precio de los pisos se congela en las Islas.

El precio medio del metro cuadrado de la vivienda en Canarias subió un 2,2% en el primer semestre, hasta los 1.494 euros, porcentaje que se acerca cada vez más al aumento de la inflación, y se aleja del desmesurado incremento interanual del 17% que padecieron los canarios hace apenas unos años. En el conjunto de España el precio de la vivienda creció una media de un 4,3% en el primer semestre, hasta los 3.102,24 euros, según un informe de Expofincas.

Es una de las pocas noticias positivas en un sector inmerso en una deasaceleración especialmente fuerte en Canarias y que los empresarios prevén que se mantendrá en 2008. Sus efectos más inmediatos han comenzado a notarse, y van más allá de la simple reducción de la venta de viviendas.

Una de las mayores preocupaciones se centra en la pérdida de empleos. De hecho, el paro registrado en la construcción fue el que experimentó en agosto el mayor aumento, con un 4,22% interanual, lo que se tradujo en un total de 14.295 desempleados en el Archipiélago. El incremento del paro fue especialmente intenso en la provincia de Las Palmas, con una subida interanual de más del 6%.

El presidente de la Asociación de Empresarios de la Construcción de Las Palmas, Jesús García-Panasco, reconocía ayer que el sector está inmerso en un «cambio de ciclo tras un crecimiento espectacular en los últimos años», aunque confía en la fortaleza del empresariado canario para recuperarse del bache.

En cualquier caso, la patronal reconoce que el desempleo que provocará esta ralentización se notará aún más en 2008, y «sobre todo en el colectivo de inmigrantes, que aporta una gran masa de trabajadores con escasa cualificación», explica el secretario de la Asociación de Empresarios Promotores de Canarias (Aempic), Ramón Pérez.

El secretario de la Confederación Canaria de Empresarios, José Cristóbal García, considera la construcción tendrá que buscar alternativas a la desaceleración inmobiliaria.Las opciones: «el incremento de las promociones de protección oficial y la ejecución de obras públicas».

El portavoz de los promotores advierte, eso sí, de que la disminución de las operaciones de compraventa de pisos no se traducirá en el descenso de los precios de las nuevas construcciones. «Sí que habrá que adaptarse a y aumentar la construcción de otro tipo de viviendas más acordes a las posibilidades de las familias, con precios que oscilen entre los 20 y 25 millones de las antiguas pesetas».

Vivienda nueva

Caso diferente es el de la vivienda usada. El director gerente de Remax, Triana, Leandro Castro, reconoce que los precios han empezado a bajar muy lentamente, en torno a un 5% en los últimos meses, sobre todo en las zonas con menos demanda.

Otro síntoma de desaceleración: Las viviendas tardan cada vez más tiempo en venderse. «Un piso a la venta por 250.000 euros que hace un año se vendía en tres meses, hoy tarda cinco», explica Castro.

El director de la inmobiliaria Luján, Francisco Luján, añade que más que un retroceso, el sector está «normalizándose», tras varios años en los que los bajos tipos de interés provocaron el aumento de la demanda y, por tanto, de los precios, que ahora tienden a estabilizarse.

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sábado, septiembre 08, 2007

Paracaídas para la vivienda

CINCO DÍAS

El mercado de la vivienda no es lo que era. Una larga retahíla de datos acredita la desaceleración y su impacto sobre la construcción residencial, en particular, y previsiblemente sobre la economía en general. El precio de los pisos creció el segundo trimestre al ritmo más bajo en nueve años -un 5,8% interanual-, el número de parados en la construcción aumenta, el incremento del crédito hipotecario baja del 20% por primera vez en cinco años, y todo esto en un escenario de dinero más caro.

El diagnóstico de los expertos no es apocalíptico. Sin embargo, aunque esperen una desaceleración suave, pocos se atreven a precisar la magnitud del declive del ladrillo, locomotora hasta ahora de la economía junto al consumo privado, y tampoco sus consecuencias en la actividad de los promotores inmobiliarios y, por extensión, en las entidades que la financian.

Todo indica que las piezas del nuevo mapa están encajando sin traumas y que oferta y demanda se acompasan. Hay una sólida base de demanda estructural de nuevos hogares por razones demográficas. Aunque lejos de las 900.000 al año de los tiempos de la euforia, una cifra a todas luces disparatada, España cuenta con una demanda estructural próxima a las 500.000 viviendas. Suficientes para mantener a buen ritmo el sector.

Este cambio de escenario se manifiesta de cuatro formas. Dos son positivas: el fin del boom no desencadenará un desplome de precios ni una crisis económica. Pero las otras dos son negativas: aumentarán el paro -con marcada incidencia en la inmigración- y la morosidad. Si las primeras tranquilizan, las dos últimas son causa de preocupación. Por eso es necesario un paracaídas que suavice en lo posible el aterrizaje, y este se ha de tejer a cuatro manos. La Administración, las empresas del sector, los bancos y los particulares se tienen que preparar para un futuro más que previsible.

Y lo han de hacer, la Administración, habilitando mecanismos para mitigar la crisis, de los que no es el menor una obra pública que compense la caída de la construcción residencial. Pero, sobre todo, promoviendo los medios para equilibrar el crecimiento, activando el sector industrial y el exterior. La banca, piedra clave del mercado inmobiliario, agilizando nuevos productos que rebajen el altísimo porcentaje de las hipotecas a tipo variable, para proteger tanto a sus clientes como a sí misma ante un previsible aumento de la morosidad.

Las empresas, por su lado, activando mecanismos de marketing y venta, ajustando márgenes y, si es necesario, renegociando su riesgo financiero. Un punto muy sensible este último, dado el acelerado ritmo a que ha crecido de crédito a los promotores. En cuanto a los particulares, su obligación es medir su capacidad de gasto y renegociar, en su caso, la hipoteca.

La extrema sobrevaloración de la vivienda, nueva y usada, implica que no se deba descartar la inflexión a la baja de los precios, que ya ha empezado en la segunda. Lo deseable es que la evolución de estos precios vaya pareja al IPC. Parece inevitable que la desaceleración del mercado recorte crecimiento y empleo. El cuánto es lo que importa. En todo caso, y aunque las discrepancias entre los expertos aparezcan cuando se empieza a mirar a 2008, el objetivo ahora está en que, después de la fiesta, la resaca sea lo más llevadera posible.

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