Denuncias por vivienda

Contra la vivienda indigna. V de Vivienda. Todos juntos podemos.

miércoles, septiembre 02, 2009

El sector privado de EEUU destruye 298.000 empleos en agosto, el mejor dato desde hace un año

EP/ ahorro
Washington


Las compañías del sector privado de EEUU recortaron 298.000 puestos de trabajo durante el pasado mes de agosto, lo que, a pesar de ser más de lo previsto por el consenso del mercado, supone el menor ritmo de destrucción de empleo desde septiembre de 2008, según señala el informe de empleo elaborado por la consultora ADP.

"La pérdida de empleos está disminuyendo de manera clara. A pesar de los datos recientes que apuntan a una estabilización de la economía todavía es probable que se produzcan caídas durante varios meses, aunque a un ritmo menor", expresa el informe.

Asimismo, ADP señala que en el mes de agosto las grandes empresas recortaron 60.000 empleos, mientras que las empresas medianas redujeron sus plantillas en 116.000 personas y las pequeñas empresas eliminaron 122.000 puestos de trabajo. De hecho, el informe subraya el impacto de la crisis en las pequeñas empresas, aquellas con menos de 50 empleados, puesto que desde enero de 2008 este segmento ha destruido casi 2,5 millones de empleos.

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miércoles, septiembre 17, 2008

Fin de la autorregulación

Luis de Sebastián/ elperiodico

En las dos últimas décadas han desaparecido o han sido comprados una serie de bancos de inversión: Barings, SG Warburg, JP Morgan, Bear Sterns, Lehman Brothers, Merril Lynch... y hoy parece que Goldman Sachs también tiene problemas. Solo queda más o menos entero Morgan Stanley (que ya fue vendido a Deam Witter en 1997). En Estados Unidos los bancos de inversión son diferentes de los bancos comerciales normales, que toman depósitos y hacen préstamos y nada más. Estos últimos no hacen hipotecas, ni pueden vender acciones o colocar emisiones de bonos --funciones reservadas a la banca de inversión--, ni hacer seguros --que queda para las aseguradoras.

En Norteamérica no se conoce la banca universal, como la nuestra, que hace de todo, hasta dar vajillas y bicicletas de premio. La separación de funciones se debe a la ley Glass-Steagal, de 1933, que se aprobó en plena Gran Depresión para salvar a cientos de instituciones financieras, que se dedicaban a todo tipo de actividades y acumulaban riesgos enormes con perjuicio de los depositantes. Los bancos comerciales fueron estrictamente regulados para proteger a los depositantes. Se fundó FDIC, una Corporación Federal para asegurar (hasta 100.000 dólares por cada cuenta) los depósitos de los clientes. En este modelo, los banqueros extraen su beneficios de la intermediación bancaria: la diferencia entre lo que pagan a los depositantes como intereses y los rendimientos que les proporciona las inversiones de los depósitos. Posteriormente, se les permitió cobrar pequeñas cantidades por servicios como trasferencias telegráficas, internacionales y similares.

En cambio, los bancos de inversión no estaban sometidos a una regulación semejante. Dado que no recibían depósitos de los ciudadanos, no preocupaba al Gobierno su solvencia con los depositantes. Desde muy pronto, los bancos de inversión comenzaron a tomar volumen y sus operaciones crecieron en variedad y número. Se suponía implícitamente que estos bancos se regulaban a sí mismos, que conocían los riegos de sus inversiones mejor que nadie, y que, por la cuenta que les traía, no se iban a meter en negocios que les supusieran pérdidas. El interés propio se convirtió, así, en regla e instrumento de regulación de la banca de inversiones. Estos bancos han gozado de 30 años de libertad y prosperidad, y pronto emplearon a miles de personas, las mejor formadas en derecho, economía, finanzas o ingeniería, cuyos salarios fueron los más apetecidos en las escuelas de negocios. Con el tiempo, estas grandes empresas de Wall Street fueron comprando pequeñas instituciones mercantiles de Londres, Hong Kong, Sydney, Buenos Aires... hasta convertirse en el instrumento preferido de la internacionalización del capital. Han reinado en las finanzas como soberanos, sin intervenciones de los gobiernos, autorregulados. Hasta que se han estrellado.

El martes pasado escribía el diario británico Financial Times en su editorial: "El mundo no se ha acabado. La economía internacional todavía no se ha colapsado. Pero una cosa es ahora muy clara: el sistema bancario como lo hemos conocido ha fallado". Yo añadiría: el sistema financiero norteamericano movido por la avaricia, neoliberal y autorregulado, también. De aquí en adelante, el funcionamiento de este modelo en el mundo tendrá que ser distinto. Se impone la regulación, por lo menos tan estricta como la que la ley Glass-Steagall impuso a la banca tradicional. Lo resume el analista Paul Krugman cuando pregunta: "Si los bancos de inversión son salvados como si fueran bancos comerciales, ¿por qué no se los regula como se regula a los bancos comerciales?". Argumento contundente. La regulación tiene que traer la solución al presente caos creado por la avaricia desmedida.

Esperemos que los políticos y los financieros que mandan en Estados Unidos se den cuenta de que, por la credibilidad básica del sistema financiero y por la más elemental justicia social, es necesaria una política de control de riesgos que, siendo buena para ellos, lo sea desde luego para toda la sociedad.

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miércoles, julio 30, 2008

El precio de la vivienda en las principales ciudades de EEUU sufre en mayo descenso récord del 15,8%

EP/ ahorro
Nueva York


El precio de la vivienda en EEUU experimentó en mayo un descenso interanual récord del 15,8%, según el índice S&P/Case-Shiller de las veinte principales áreas metropolitanas del país, mientras que el indicador de las diez principales ciudades registró un descenso del 16,9%.

En términos mensuales, el indicador de precios en las diez principales ciudades bajó un 1%, mientras que el de las veinte mayores metropolitanas cayó un 0,9%.

Por otro lado, el indicador de confianza de los consumidores estadounidenses elaborado por el Conference Board experimentó en julio una mejoría hasta alcanzar los 51,9 puntos, frente a los 51 enteros de junio.

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lunes, enero 07, 2008

¿Fragilidad financiera?

Paul A. Samuelson/ elpais, negocios

Nadie sabe si en 2008 se producirá una recesión mundial. O si Europa y Estados Unidos disfrutarán de un aumento moderado de puestos de trabajo y rentas. ¿Por qué esta nueva ignorancia?

Las burbujas inmobiliarias ascendentes seguidas de burbujas inmobiliarias descendentes son una historia muy muy vieja en los libros de texto sobre economía. A veces, dichas burbujas han sido tan volátiles como para poner toda la economía en una sucesión de recesiones y recuperaciones. El mecanismo era sencillo. Cuando el precio de las viviendas se torcía, las familias tenían dificultades para pagar los intereses mensuales de su hipoteca. Por lo tanto, el gasto en otras necesidades y lujos tendía comprensiblemente a caer después de que estallase la burbuja inmobiliaria. Además, los puestos de trabajo y los salarios en la construcción caían cuando los precios de la vivienda bajaban.

Los actuales bancos centrales pensaban que sabían "capear esos vientos". El Banco de Inglaterra, la Reserva Federal estadounidense y el nuevo Banco Central Europeo bajarían sus tipos de interés en los malos tiempos para reducir y compensar unos pagos hipotecarios gravosos.

De igual modo, cuando el PIB aumentaba con tanta rapidez como para amenazarnos con tasas de inflación por encima del 3%, los bancos centrales pisaban el freno subiendo los tipos de interés oficiales. Eso, por lo general, enfriaba los tiempos de auge y con mucho empleo.

¿Cuál es aquí el nuevo elemento que difiere de los sencillos altibajos históricos del sector inmobiliario? Para mí, tres palabras lo resumen: moderna ingeniería financiera. ¿Qué abarca esto? Abarca nuevos derivados financieros: "opciones de venta" que te gratifican cuando las acciones de IBM o los bonos del Estado estadounidense a 10 años bajan de precio. Y "opciones de compra" que te recompensan de un modo apalancado cuando tu acción o tu bono están subiendo de precio. Incluye todas las nuevas variedades de obligaciones garantizadas que las empresas y los bancos se permiten mantener fuera de sus cuentas de resultados.

El año pasado, cuando bancos pequeños de todas partes gestionaban hipotecas sobre viviendas locales, vendían a partes desconocidas un paquete de hipotecas buenas y malas.

Estados Unidos no ha enviado al extranjero gérmenes de viruela o carbunclo. Pero lo que sí ha hecho, gracias a la liberalización establecida por las decisiones de los reguladores de Bush, es exportar paquetes de queso (hipotecas) bueno, queso delictivamente malo y queso intermedio. Todas recibieron una calificación de seguridad AAA de los tres organismos de calificación principales, una broma realmente de mal gusto y cara.

Los nuevos miles de fondos de cobertura eran algunas de las almas cándidas dispuestas a comprarlos, pero no con el dinero de sus gestores, sino con el dinero de sus clientes inversores. Se había perdido toda transparencia. Y nadie, ni siquiera los mayores bancos y los bancos de inversión, entendió que se estaban endeudando en exceso (no 2 a 1 ni 5 a 1, sino quizá 25 a 1). Ni Alwyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, ni Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, pueden hacer hoy cálculos precisos de cuánta quiebra está ya predestinada.

Los historiadores futuros echarán la culpa en parte a la presidencia republicana de Bush y Cheney. Puede que en otro tiempo la presidencia republicana fuese buena para el mercado bursátil y para la prosperidad comercial. Cuando Calvin Coolidge sesteaba con regularidad en la Casa Blanca, se produjo el auge de Wall Street de la década de 1920.

Pero es verdad que los tiempos cambian. La ciencia avanzada puede ayudar enormemente a la humanidad. También puede crear bombas atómicas para matar a cientos de miles de personas. Con la ingeniería financiera pasa lo mismo. Con una reglamentación adecuada y con transparencia óptima puede repartir con eficacia los riesgos y, en ese sentido, reducir el riesgo intrínseco. Pero sin transparencia, y careciendo de conocimientos sobre la aritmética del endeudamiento canceroso, podría hacer más frágiles las finanzas modernas.

Mi última frase acaba, como debe ser, con un interrogante. El tiempo dirá.

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