Denuncias por vivienda

Contra la vivienda indigna. V de Vivienda. Todos juntos podemos.

domingo, septiembre 21, 2008

El Gobierno aprueba el anteproyecto para crear las firmas cotizadas de inversión inmobiliaria

Servimedia/ suvivienda
Madrid


El vicepresidente segundo del Gobierno, Pedro Solbes, llevó al Consejo de Ministros el anteproyecto de ley por el que se regulan las sociedades cotizadas de inversión en el mercado inmobiliario (Socimi), un compromiso llevado el pasado día 10 por el presidente del Gobierno al Pleno del Congreso de los Diputados en el que explicó la situación económica.

Este nuevo instrumento, que ya existe en una mayoría de los países de la UE, tiene como objetivos fundamentales continuar con el impulso del mercado del alquiler en España, "elevando su profesionalización, facilitar el acceso de los ciudadanos a la vivienda, incrementar la competitividad en los mercados de valores españoles y dinamizar el mercado inmobiliario".

Además, esta figura permite al pequeño y mediano accionista invertir en activos inmobiliarios de manera profesional, con una cartera de activos diversificada y sin que tenga que asumir el coste de adquisición de estos activos, y disfrutando desde el primer momento de una rentabilidad mínima, mediante la percepción de un dividendo anual, apunta el Gobierno.

Estas sociedades gozarán de un régimen fiscal favorable, y estarán exentas del Impuesto de Sociedades siempre que cumplan algunos requisitos.

En primer lugar, la actividad principal de estas sociedades ha de ser la inversión en activos inmobiliarios de naturaleza urbana para su alquiler (viviendas, residencias para personas dependientes, locales comerciales, garajes, hoteles, oficinas, entre otros).

Además, su activo debe estar invertido, al menos en un 75%, en inmuebles urbanos dedicados al arrendamiento y adquiridos en plena propiedad.

Anualmente deberán distribuir entre sus accionistas al menos el 90% de los rendimientos obtenidos en los alquileres y, en su caso, de las plusvalías generadas por la venta de inmuebles, que hayan permanecido en alquiler un determinado periodo de años.

Otro de los requisitos es que las sociedades estarán obligadas a cotizar en un mercado organizado, debiendo cumplir con los requisitos de transparencia e información que establece la Ley del Mercado de Valores. Y se limitará la participación máxima de un solo accionista para evitar una excesiva concentración.

Finalmente, se les exigirá un capital mínimo de 15 millones de euros y podrán optar por crear la Socimi o por transformar una sociedad preexistente.

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miércoles, septiembre 17, 2008

Romeu. "¿Y todo ese dinero...?"


El País

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Fin de la autorregulación

Luis de Sebastián/ elperiodico

En las dos últimas décadas han desaparecido o han sido comprados una serie de bancos de inversión: Barings, SG Warburg, JP Morgan, Bear Sterns, Lehman Brothers, Merril Lynch... y hoy parece que Goldman Sachs también tiene problemas. Solo queda más o menos entero Morgan Stanley (que ya fue vendido a Deam Witter en 1997). En Estados Unidos los bancos de inversión son diferentes de los bancos comerciales normales, que toman depósitos y hacen préstamos y nada más. Estos últimos no hacen hipotecas, ni pueden vender acciones o colocar emisiones de bonos --funciones reservadas a la banca de inversión--, ni hacer seguros --que queda para las aseguradoras.

En Norteamérica no se conoce la banca universal, como la nuestra, que hace de todo, hasta dar vajillas y bicicletas de premio. La separación de funciones se debe a la ley Glass-Steagal, de 1933, que se aprobó en plena Gran Depresión para salvar a cientos de instituciones financieras, que se dedicaban a todo tipo de actividades y acumulaban riesgos enormes con perjuicio de los depositantes. Los bancos comerciales fueron estrictamente regulados para proteger a los depositantes. Se fundó FDIC, una Corporación Federal para asegurar (hasta 100.000 dólares por cada cuenta) los depósitos de los clientes. En este modelo, los banqueros extraen su beneficios de la intermediación bancaria: la diferencia entre lo que pagan a los depositantes como intereses y los rendimientos que les proporciona las inversiones de los depósitos. Posteriormente, se les permitió cobrar pequeñas cantidades por servicios como trasferencias telegráficas, internacionales y similares.

En cambio, los bancos de inversión no estaban sometidos a una regulación semejante. Dado que no recibían depósitos de los ciudadanos, no preocupaba al Gobierno su solvencia con los depositantes. Desde muy pronto, los bancos de inversión comenzaron a tomar volumen y sus operaciones crecieron en variedad y número. Se suponía implícitamente que estos bancos se regulaban a sí mismos, que conocían los riegos de sus inversiones mejor que nadie, y que, por la cuenta que les traía, no se iban a meter en negocios que les supusieran pérdidas. El interés propio se convirtió, así, en regla e instrumento de regulación de la banca de inversiones. Estos bancos han gozado de 30 años de libertad y prosperidad, y pronto emplearon a miles de personas, las mejor formadas en derecho, economía, finanzas o ingeniería, cuyos salarios fueron los más apetecidos en las escuelas de negocios. Con el tiempo, estas grandes empresas de Wall Street fueron comprando pequeñas instituciones mercantiles de Londres, Hong Kong, Sydney, Buenos Aires... hasta convertirse en el instrumento preferido de la internacionalización del capital. Han reinado en las finanzas como soberanos, sin intervenciones de los gobiernos, autorregulados. Hasta que se han estrellado.

El martes pasado escribía el diario británico Financial Times en su editorial: "El mundo no se ha acabado. La economía internacional todavía no se ha colapsado. Pero una cosa es ahora muy clara: el sistema bancario como lo hemos conocido ha fallado". Yo añadiría: el sistema financiero norteamericano movido por la avaricia, neoliberal y autorregulado, también. De aquí en adelante, el funcionamiento de este modelo en el mundo tendrá que ser distinto. Se impone la regulación, por lo menos tan estricta como la que la ley Glass-Steagall impuso a la banca tradicional. Lo resume el analista Paul Krugman cuando pregunta: "Si los bancos de inversión son salvados como si fueran bancos comerciales, ¿por qué no se los regula como se regula a los bancos comerciales?". Argumento contundente. La regulación tiene que traer la solución al presente caos creado por la avaricia desmedida.

Esperemos que los políticos y los financieros que mandan en Estados Unidos se den cuenta de que, por la credibilidad básica del sistema financiero y por la más elemental justicia social, es necesaria una política de control de riesgos que, siendo buena para ellos, lo sea desde luego para toda la sociedad.

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viernes, febrero 01, 2008

Lecciones del 'caso Kerviel'

CINCODÍAS

No me puedo creer que mi jerarquía no haya tenido constancia de las cantidades que yo comprometía en mis operaciones. Es imposible generar grandes beneficios desde pequeñas posiciones'. Es parte de la declaración que Jérôme Kerviel hizo a la brigada financiera de la policía francesa que investiga el fraude multimillonario que se ha llevado por delante el bien ganado prestigio financiero de Société Générale, y compromete el futuro del banco francés. Pero además resume la ambiciosa filosofía que buena parte de la banca aplica a su gestión diaria para obtener réditos crecientes en los mercados financieros, sin más control que la buena fe de sus operadores, que está también en el germen de la crisis subprime que ha explotado en las manos del sistema financiero mundial.

Independientemente del futuro que le espere a esta centenaria y honorable institución gala, el agujero creado en sus cuentas -en las que aparece como secundaria una provisión de 2.000 millones por pérdidas ocasionadas por las hipotecas basura-, el caso Société Générale-Kerviel, refleja casi todos los vicios de la incesante huida hacia delante en la búsqueda del resultado por el resultado.

Además, aporta las lecciones necesarias para recomponer los mecanismos internos de control y transparencia y los externos de supervisión, para que los excesos cometidos por el sistema financiero en el mundo -desde lo del empleado encargado de riesgos que concedió la primera hipoteca subprime en Estados Unidos a quien compró sus derivados buscando un desempeño inmoral y especulativo en Europa- sean atajados, controlados y evitados.

La pequeña cumbre convocada esta semana por Gordon Brown en Londres es un intento por buscar soluciones al endiablado dominó desencadenado en julio en EE UU, que ya se ha llevado por delante un banco en Reino Unido, ha dañado seriamente a varias entidades en Alemania y puede acabar con otro banco en Francia, además de haber zarandeado al todopoderoso UBS en el oasis helvético del secreto bancario y las grandes fortunas. EE UU se venía diferenciando de Europa en que mientras ésta evitaba las crisis por no correr los riesgos de las aventuras financieras, allí se ponían las innovaciones en marcha y, si se generaban problemas, allí los resolvían. Sin embargo, esta vez la ola ha llegado demasiado lejos.

La práctica financiera de la búsqueda de la máxima ganancia, amparada en incentivos personales siempre crecientes, estimulados por políticas de liquidez inagotable y tipos negativos, ha puesto en el mercado un sarcoma financiero desconocido. Y todo ello con la venda en los ojos de la supervisión bancaria norteamericana, mientras la metástasis llegaba a bancos de todo el mundo y paralizaba, por desconfianza, la actividad crediticia hasta poner en riesgo la economía real.

Cuando los movimientos de capital están tan interconectados y globalizados debe existir un mecanismo de supervisión global, o al menos criterios de obligado cumplimiento, para todos los supervisores y bancos, que exija ética profesional, responsabilidad y honestidad económica. Sólo así se podrá exigir a los agentes privados la confianza que ahora ni ellos se profesan entre sí, y que es como el oxígeno para los seres vivos.

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