Denuncias por vivienda

Contra la vivienda indigna. V de Vivienda. Todos juntos podemos.

domingo, septiembre 09, 2007

Confianza rota

Emilio Ontiveros/ ELPAIS

La crisis crediticia global ha entrado en una fase particularmente grave. Los mercados mayoristas de dinero, aquéllos donde los bancos se prestan entre sí, no están funcionando correctamente: salvo a plazos muy cortos, apenas se cruzan operaciones. Desconfían unos de otros. No fían; ni siquiera a esos tipos de interés en máximos en todos los plazos, como los que giran sobre los depósitos a un año. Y esos tipos interbancarios son relevantes para la actividad económica: sobre ellos se fijan la mayoría de las operaciones de financiación privada, desde las de endeudamiento empresarial para operaciones más o menos arriesgadas hasta las que giran sobre las hipotecas sanas que tienen contraídas muchas familias.

La confianza está rota porque la información que manejan los operadores en esos mercados es de calidad cuestionable: no es posible precisar hasta dónde ha llegado la infección de las hipotecas locas estadounidenses, aquellas que por disponer de menor solvencia (subprime) ofrecían remuneraciones superiores a las normales. Bien empaquetadas en títulos-valores (titulizadas), todavía no se conoce suficientemente su distribución: en qué carteras andan, cuáles son los balances más contaminados. Hemos conocido casos de infección de algunos bancos e inversores institucionales en EE UU y en algunos países europeos y asiáticos, pero la percepción es que puede haber disgustos adicionales. La capacidad prescriptora de las agencias de calificación crediticia (de rating), su credibilidad, también ha sido seriamente cuestionada.

La suerte de cuarentena, de parálisis, que se ha impuesto en esos mercados mayoristas en todo el mundo resulta excesiva cuando se compara con lo que podrían ser las pérdidas potenciales que generarían esos préstamos de baja calidad. La incertidumbre se ha extendido a otros productos estructurados con dificultades para evaluar el riesgo que incorporan. Los inversores tratan de ponerle precio a la más acusada aversión al riesgo, pero no es un ejercicio fácil. La reacción es la huida a la calidad, a la seguridad: todo el mundo se atrinchera en el corto plazo, y muchos prefieren títulos emitidos por los gobiernos de economías avanzadas, aunque incorporen bajos tipos de interés, a los valores de emisores privados, cada día mejor remunerados.

El contagio es a todas luces excesivo: sistemas bancarios en los que esas modalidades hipotecarias apenas existen, como el español, están siendo castigados. Como lo están los fondos de inversión con títulos de renta fija privada, aunque de ellos estén ausentes esas hipotecas de baja calidad y cualquier otro tipo de estructuras de valoración menos simple. Como en cualquier crisis financiera moderna, pagan justos por pecadores.

Los principales bancos centrales, conscientes de las consecuencias sobre las economías que la persistencia de una situación tal puede ocasionar, han vuelto a inyectar liquidez de forma extraordinaria. Lo ha hecho incluso el Banco Central Europeo (BCE), que hasta hace poco mantenía abierta la posibilidad de una elevación adicional en sus tipos de interés de referencia, que finalmente ha descartado. Sin menoscabar su credibilidad antiinflacionista, ha optado por admitir como prioridad la garantía del correcto funcionamiento de los mercados monetarios. Ha hecho bien.

A pesar de ello, la incertidumbre no ha desaparecido. Ni en relación con la continuidad de las tensiones en los mercados financieros ni acerca del impacto de las ya observadas sobre la actividad de las economías. Que los fundamentos de la mayoría de ellas son sanos, desde luego los de la española, no es en estas condiciones aval suficiente para eludir el impacto contractivo que tendrá una mucha más selectiva inversión crediticia: ya era explícita antes de que la crisis alcanzara la magnitud que ha revestido esta semana.

Afortunadamente, la selección de riesgos del mercado hipotecario español no es la del estadounidense; los niveles de morosidad del conjunto de la inversión crediticia de nuestro sistema bancario están en mínimos, y su solvencia es de las más elevadas del mundo. Pero en las circunstancias actuales tampoco esto parece ser razón suficiente para garantizar una inmediata normalización del abastecimiento de liquidez de nuestras entidades y su transmisión a los agentes económicos a través de la actividad crediticia. Los daños sobre el crecimiento económico van a ser proporcionales a lo que tarde en clarificarse la extensión de un problema que no es precisamente local.

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Vendo casa con familia (falsa)

Sandro Pozzi/ elpais
Foto: Bloomberg
Nueva York


Empresas inmobiliarias de EE UU recurren a 'supermodelos' y actores que interpretan la vida hogareña para reactivar el negocio

Un coche a estrenar en el garaje, la asesoría gratuita de un diseñador de interior para remodelar el apartamento o incentivos en efectivo. Son algunos de los anzuelos que las agencias inmobiliarias echan a las turbulentas aguas del mercado de la vivienda para pescar clientes. Y es que la crisis está dando rienda suelta en Estados Unidos a iniciativas como contratar a supermodelos para vender apartamentos o recurrir a actores que hacen de familia feliz, mientras los futuros compradores visitan las propiedades.

Manhattan es una isla; también en la crisis hipotecaria que azota a la industria inmobiliaria. Los precios siguen subiendo, la demanda también y los inventarios son más reducidos que en el resto del país. Uno de los motivos que explica tanta efervescencia respecto a otras grandes urbes del país, incluso frente a otros barrios neoyorquinos, es la debilidad del dólar. Como explican desde The Real State Group, hay un gran número de inversores extranjeros que sacan tajada de la fortaleza del euro y del yen para comprar barato.

A esto se le suman los bonos que a final de año se llevan a los bolsillos los analistas de Wall Street, de varios centenares de miles de dólares. Y también hay una explicación demográfica. Cada vez hay más gente que quiere volver a vivir en el centro de la ciudad y se observan menos salidas hacia los suburbios. El mercado de alquiler es tan caro, que la opción más rentable es comprar.

Pero en una ciudad que depende tanto de la buena marcha de Wall Street, algunos empiezan a preguntarse cuánto durará este auge en la preciada Gran Manzana. Los agentes inmobiliarios en este oasis financiero ya notan que el mercado se enfría cuando se observa el alza de precios y por primera vez en cinco años empiezan a circular comentarios negativos sobre el futuro. Los principales temores están en el lucrativo segmento de las viviendas de lujo. Paolo Zampolli, dueño de la agencia ID Model, está poniendo a sus modelos a hacer cursillos para obtener la licencia que les acredita como agentes inmobiliarios. La idea se le ocurrió hace dos años, conversando con Donald Trump, el conocido promotor neoyorquino. Entonces se dio cuenta de que el mundo de la moda era una ventana abierta al negocio, por su conexión con gente rica y poderosa en Nueva York.

Una vivienda de lujo en Manhattan varía desde un mínimo de 1,5 millones de dólares hasta más de 40 millones en la torre Time Warner o en el antiguo edificio del hotel Palace. La comisión que se lleva la agencia por la venta de un inmueble es del 6%. Por eso Zampolli decidió seguir los consejos de Trump y combinar sus modelos con los activos de Prudential Douglas Elliman. Angie Everhart es una de sus agentes. "Lo hago porque es algo diferente en mi vida y en lo que puede depender en el futuro, cuando ya no rinda mi belleza", dice la modelo.

Y es que al lanzarse a la compra de una casa, los clientes tienden a considerar todo el paquete. Las modelos, evidentemente, no están incluidas en la operación. Paolo Zampolli no cree que su iniciativa pueda utilizarse en otras ciudades. Si en Nueva York, la ciudad de la moda por excelencia, utilizan a las modelos para cautivar a los compradores, en la costa del Pacífico tiran de lo que les hace famosos en todo el mundo: la industria de Hollywood. Allí, los agentes inmobiliarios contratan a actores que hacen las veces de familia perfecta.

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viernes, septiembre 07, 2007

La Fed inyecta otros 31.250 millones de dólares en poco más de dos horas

Efe/ cotizalia

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) inyectó hoy 31.250 millones de dólares al sistema monetario del país en poco más de dos horas, mediante tres operaciones de recompra de deuda.

Tras ocho días consecutivos de inyecciones de liquidez, el banco central ha introducido 44.750 millones de dólares durante esta semana (incluidos los ingresos de hoy) y otros 31.750 millones la anterior, siempre a través de su banco regional de Nueva York, encargado de realizar estas operaciones.

Sin embargo, la inyección de hoy es la más elevada de los últimos días, ya que se reparte en tres operaciones de compra de deuda, de las que la primera en anunciarse, a las 8.30 hora local, fue por 7.000 millones con títulos del tesoro como colateral, catorce días de plazo (cuando será recomprada por los bancos) y un tipo máximo del 5,30 por ciento.

La siguiente, a las 9.40, fue de 16.000 millones a siete días y un tipo de interés máximo del 5,33 por ciento, repartidos en 7.718 millones en títulos del tesoro, 4.169 respaldados por bonos de agencias y 4.113 millones correspondientes a créditos hipotecarios.

Diez minutos después, la Fed informó de la compra de deuda por valor de 8.250 millones de dólares a un tipo de interés máximo del 5,25 por ciento y con un día de plazo, con lo que será recomprada mañana.

De esos 8.250 millones, 5.981 se correspondieron con deuda respaldada por títulos del tesoro y 2.269 por bonos de agencias, mientras que la Fed no compró ningún instrumento financiero con hipotecas como colateral.

El sector de los créditos hipotecarios atraviesa una crisis de falta de efectivo que está afectando a los mercados financieros, debido a la gran cantidad de hipotecas de alto riesgo (subprima), a la ralentización de los precios de las viviendas y a la consiguiente pérdida de confianza por parte de los inversores.

La compra de instrumentos financieros es la principal herramienta con la que cuenta la Reserva Federal para inyectar liquidez en el sistema y contribuir así a mantener los tipos de interés interbancarios cerca de su objetivo, que ahora se sitúa en el 5,25 por ciento.

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