Denuncias por vivienda

Contra la vivienda indigna. V de Vivienda. Todos juntos podemos.

miércoles, septiembre 17, 2008

El derrumbe financiero que vino de los 'ninjas'

Agustí Sala/ elperiodico
Barcelona


Primer acto. Prima la alegría. La economía crecía desde que comenzó esta década con la vivienda como motor. Tras la crisis de internet en el 2000, el capital se fijó en el inmobiliario. Lo facilitaban unos intereses que abarataron el endeudamiento para invertir en ladrillo hasta cotas inéditas. Pero la banca quería más ingresos. Por eso en EEUU, vio en los ninjas --no income, no job, no assests, personas sin ingresos, ni trabajo ni activos--, una fuente de préstamos más caros, pero más con más riesgo --subprimes---. La bonanza y el potencial de subida del ladrillo narcotizaron a una banca que prestó por encima del valor de las casas.

Como recuerda el financiero George Soros en su último libro El nuevo paradigma de los mercados financieros, "cuando se espera que el valor de la vivienda crezca más que el coste de tomar prestado, es lógico comprar más inmuebles de los que uno va a ocupar". Hasta el más común de los mortales compró para alquilar o vender. El crédito carecía de límite porque los bancos obtenían fondos de la sus colegas extranjeros --también en España--.

Segundo acto. Crece la euforia. La banca de inversión, los Lehman y demás, se las ingeniaron para limpiar los balances de los prestamistas para que el negocio siguiera rodando. Trocearon y empaquetaron los derechos de cobro de los bancos en títulos negociables avalados por las agencias que certifican la solvencia del emisor (Moodys y otros). A su vez crearon sociedades, calificadas por esas agencias, para extraer el riesgo de sus cuentas. En el 2006, ese negocio supuso gran parte de sus ingresos. Nacían activos sobre activos de activos... hasta que su valor superó el de toda la riqueza de EEUU.

De Idaho a Sabadell

A veces con la garantía de aseguradoras u otras entidades, el papel se transfirió a los bancos a pie de calle o fondos de inversión, deseosos de dar rendimientos altos. Una parte de la hipoteca de un ciudadano de Idaho estaba ya oculta en un rincón de un fondo de inversión de un señor de Sabadell. "El problema es que llegó un punto en que no se sabía qué había debajo del papel", dice un analista.

Tercer acto. Llega la crisis. Con el paro y la caída inmobiliaria, muchos hipotecados vieron en EEUU que el préstamo costaba más que la casa ¿Solución? Como que allí solo se responde con la vivienda --en España se puede embargar el salario y otros bienes--, dejaron de pagar.

El castillo de naipes se desmoronó. Los ninjas, los más débiles del sistema, y la caída del ladrillo dinamitaron la arquitectura diseñada en Wall Street y estalló la gran crisis. Los derechos de cobro que sustentaban los títulos negociables se esfumaron. Nadie los quería. La banca de inversión tuvo que absorberlos y aflorar enormes pérdidas. Los otros bancos, recelosos unos de otros al desconocer la magnitud de la tragedia, dejaron de prestar para desespero de Colonial, Astroc y otras empresas que trabajan con el endeudamiento. Según el FMI, esta crisis puede costar un billón de dólares --toda la riqueza que se genera en España en un año--. Una mínima parte le toca al señor de Sabadell.

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miércoles, septiembre 03, 2008

Los ninjas españoles: los mileuristas

Rocío Albert/ Gaceta de los Negocios

¿Hay ninjas en España? He entrado en distintos foros para tratar de dar una respuesta a la pregunta. Si tomamos en cuenta la primera acepción del término ninja (extraordinarios guerreros en la sombra, reemplazo de los antiguos samuráis para servir al shogun, practicantes de la técnica del ninjitsu) no soy capaz de dar un diagnóstico concluyente ya que no está claro si existieron realmente en Japón o si se trataba de una leyenda. Si pensamos en otro sentido que se da a esta palabra —puesto de moda por Leopoldo Abadía— según el cual un ninja es una persona con no income, no job, no assets; estoy convencida de que sí existen en España. Según mi opinión podrían corporeizarse en personas a las que se les han concedido hipotecas, sin tener ingresos fijos, ni empleo fijo, ni propiedades.

Como otras, puede que esta nueva tribu urbana naciera en EEUU. Fueron los bancos americanos los primeros en ofrecer créditos hipotecarios subprime, a personas de escasos recursos y con trabajos temporales, cobrando intereses más elevados a cambio de falta de garantías y mayor riesgo de impago. En medio de la fase alcista del ciclo y el boom inmobiliario, los bancos americanos se contagiaron de ese optimismo y concedieron créditos por valores superiores a los de las propiedades hipotecadas, especulando con la probabilidad de que las casas en unos meses valdrían más que la cantidad total del préstamo.

Pero “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”: las crisis inmobiliarias existen y los bancos olvidaron ese detalle. A principios de 2007 los precios de las viviendas norteamericanas se desplomaron. Muchos de los ninjas se quedaron sin trabajo y no pudieron seguir pagando sus hipotecas, desencadenando la crisis de las subprime que conocemos. En este lado del Atlántico, el gobierno de Zapatero nos quería vender que esta crisis era algo del exterior, ajeno, que a consecuencia de la globalización y de los mercados financieros internacionales podría afectar a España, pero sólo parcialmente. Me temo que estaban pecando de optimistas.

Ahora los ninjas ya están entre nosotros, y no es que los hayamos importado, sino que son ninjas made in Spain. En España hemos vivido también un proceso muy semejante al de los ninjas americanos: nuestros bancos han prestado dinero a parejas mileuristas, tasando las propiedades muy por encima del valor real, y concediendo el préstamo por el 100% del valor de tasación. Así, al igual que el american way of life, muchos pudieron permitirse no sólo comprar una vivienda, también un nuevo monovolumen y las vacaciones soñadas. Pero al igual que el sueño americano convertido en pesadilla, aquí también las cosas se torcieron. Aunque Spain is different —eso quiere creer ZP— también nos ha llegado la crisis en forma de explosivo cóctel molotov: crisis inmobiliaria, financiera, aumento de los precios de las materias primas y del déficit exterior. Con tal debacle aún para los mileuristas que siguen teniendo un trabajo, la situación se ha vuelto insostenible y ya hay muchas ejecuciones hipotecarias. Y para que no me acusen de antipatriota sólo menciono los casos menos trágicos: familias que se han ido al paro y no hay ingresos ni para alimentarse; o aquellos que contagiados de la euforia inmobiliaria compraron una nueva vivienda sin vender la anterior con una hipoteca puente y ahí sigue colgado su cartel de ‘Se vende’.

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