Denuncias por vivienda

Contra la vivienda indigna. V de Vivienda. Todos juntos podemos.

jueves, abril 17, 2008

El declive de la izquierda

Enrique Gil Calvo/ elpais

El resultado de las pasadas elecciones españolas ha sido interpretado como una victoria de la izquierda que desmiente la creciente derechización europea: ascenso de Sarkozy, predominio de Merkel, retroceso de Gordon Brown, retorno de Berlusconi... Sólo Zapatero resistiría frente al asedio derechista, ante la previsible derrota de Barack Obama a manos del conservador McCain. Lo que vendría a demostrar, paradójicamente, que de nuevo Spain is different, como única excepción progresista a la regla de la derechización general.

Pero ¿de verdad su victoria el 9-M supuso un triunfo de la izquierda? Así lo entienden los publicistas neocon de la derecha extrema, para quienes Zapatero ha sido reelegido por una coalición radical de rojos, republicanos y separatistas. Y, en efecto, si nos fijamos en los resultados electorales, lo cierto es que los votantes centristas o moderados han abandonado al PSOE para pasarse al PP, mientras que a cambio los más izquierdistas se han decantado por apoyar a Zapatero. Es el retorno triunfal del "No pasarán", producto de la creciente polarización del electorado español, en el que los votantes de las zonas más proletarias o industrializadas (Cataluña, País Vasco, Asturias, Aragón) han acabado por imponerse a las clases medias madrileñas y provincianas.

Sin embargo, las cosas no suelen ser tan sencillas como parecen a primera vista. Aquí sucede lo mismo que pasa con el Sol, que parece moverse del este al oeste cuando en realidad está quieto, pues es la Tierra quien gira de izquierda (oeste) a derecha (este). Y a Zapatero le ocurre igual. Él no se ha movido hacia la izquierda, pues su programa electoral continúa fijo en el centro del espectro, con guiños a la derecha (regalos fiscales, repatriación de inmigrantes) y ninguna concesión a la izquierda (renuncia a revisar la ley del aborto o la financiación de la iglesia). Es verdad que la nueva composición de su electorado parece proceder en mayor medida de la izquierda del espectro: menos centristas y más tránsfugas de IU y ERC. Pero en realidad, estos trasvases de votantes lo que revelan, como en el descubrimiento copernicano de la rotación de la Tierra, es un desplazamiento del electorado hacia la derecha: muchos progresistas que antes votaban a la izquierda radical (IU y ERC) ahora han votado al centro-izquierda del PSOE; y muchos centristas moderados que antes votaron a Zapatero ahora han votado al centro-derecha de Rajoy.

En consecuencia, se ha producido un deslizamiento del conjunto del electorado desde la izquierda hacia la derecha, estimable como saldo neto en torno al 2,5% del total (que es lo que gana ésta en detrimento de aquélla). Lo que no llega a ser un landslide (corrimiento de tierras), pues no hubo vuelco electoral y la izquierda retiene el po-der. Pero sí revela una significativa derechización política, porque a pesar de haber ganado las elecciones, la izquierda sigue perdiendo electores.

De modo que tampoco España es una excepción a la regla de derechización occidental, sino que viene a confirmarla aunque sólo sea como clara tendencia.

¿De dónde procede este vendaval derechista? Las razones son muchas y complejas, y aquí sólo cabe aludir a las más significativas. El fin de la guerra fría significó la derrota irreversible del socialismo histórico, sin que hasta ahora sus bases sociales hayan podido recuperarse creando un nuevo proyecto político legitimado por un discurso innovador. Por eso la izquierda se limita a vegetar, viviendo de unas rentas ruinosas (el estéril anticapitalismo comunista) o al menos conservadoras (la defensa socialdemócrata de los derechos sociales), pues el incipiente movimiento antiglobalización aún carece de credibilidad. De ahí el éxito de la tercera vía social-liberal a lo Giddens-Blair, aquí adoptada por Zapatero, que renunciando a los valores de izquierda sólo propone una derecha con rostro humano. Y ante el vacío de la izquierda en retirada, la derecha ha podido invadir y ocupar toda la esfera del debate público sin encontrar resistencia, imponiendo sus agendas neoliberales, nacionalistas, teocráticas y neoconservadoras.

¿Por qué resulta incapaz la izquierda europea de reconstruir un nuevo programa político adaptado al siglo XXI, cuando ya hace casi veinte años que se derrumbó el socialismo real?

Existen razones estructurales que lo hacen particularmente difícil, pues explican perfectamente la progresiva desmovilización de la izquierda. Lo que Daniel Bell llamó el advenimiento de la sociedad post-industrial ha desintegrado la vieja estructura de clases (antes estratificada en redes de solidaridad colectiva alineadas a uno y otro lado del conflicto industrial entre patronos y asalariados), para fragmentarla en un mero agregado de intereses privados sólo movidos por su individualismo posesivo y consuntivo. Es el nuevo enrichissez-vous que ha convertido a los ciudadanos en competidores arribistas, liquidando su capital social y privatizando la sociedad civil. Y este desclasamiento se ha visto muy potenciado por la llamada globalización, que ha incrementado la flexibilidad laboral y la movilidad ocupacional impidiendo que se reconstruyan nuevos compromisos solidarios. Por el contrario, la llegada de trabajadores inmigrantes para ocupar los estratos inferiores de la pirámide ocupacional ha generado un sentimiento de rechazo entre los autóctonos que compiten con ellos por el acceso a los servicios públicos. En consecuencia, el concepto de "pueblo" (y el de "clases trabajadoras" o "clases populares"), al que apelaba la izquierda para movilizar la participación ciudadana, ha perdido su sentido al ser desmentido por la realidad multicultural, quedando así desvirtuado.

Ésta es la causa última de la derechización política a la que se va asistiendo en toda Europa, España incluida, elección tras elección: la descapitalización social de la izquierda, producida por efecto de la desintegración del tejido civil (redes de compañerismo, solidaridad y compromiso cívico) que trababa y cohesionaba a las clases trabajadoras, hoy más fragmentadas y divididas incluso territorialmente que nunca. Y esta progresiva debilidad de la izquierda es aprovechada y estimulada por la derecha mediante el recurso a la xenofobia, que culpa a los trabajadores inmigrantes de todos los problemas. Si en 1848 Marx podía decir que el miedo a los comunistas era el fantasma que recorría Europa, hoy ese fantasma es el de los inmigrantes: la nueva "clase peligrosa" que amenaza con dividir a la izquierda impulsándola a derechizarse. Una derechización que en España se traduce en la obsesión por adquirir viviendas en régimen de propiedad privada y en el auge de los colegios concertados, casi todos religiosos y por tanto étnicamente limpios, a los que llevan a sus hijos las familias que se dicen progresistas o incluso izquierdistas, pero que aspiran a dotarles no con capital humano (pues la enseñanza en colegios religiosos es de muy baja calidad) pero sí con capital social, tanto para trepar con arribismo como para evitarles malas compañías.

Y una derechización que donde más se advierte es en las ciudades dormitorio que rodean a las grandes capitales, como el antiguo cinturón rojo que abarcaba el sur de Madrid, hoy votante masivo y absoluto del PP.

Proceso de derechización en curso que todavía no se ha completado en toda España, pues aún quedan bastiones industriales fieles a la izquierda. Pero que puede intensificarse todavía más, conforme la crisis económica agrave el conflicto social con los inmigrantes y la derecha siga explotando la división de los trabajadores con su demagogia xenófoba.

Etiquetas: , , ,

viernes, febrero 29, 2008

Morgan Stanley destapa que hay quiebras inmobiliarias encubiertas hasta el 9-M

María Cuesta/ Andrés González/ larazon
Madrid

- La entidad reconoce que «tenemos algún "ilustre" que llama por teléfono para que no lleguen los concursos»
- «Hay promotores vendiendo por debajo de costes para tener liquidez», dice el grupo


Morgan Stanley puso ayer negro sobre blanco lo que hasta el momento sólo había sido un secreto a voces. Tras las elecciones del 9 de marzo, y una vez desaparecido el dique de contención que actualmente ejerce el Gobierno, habrá un aluvión de suspensiones de pago entre las inmobiliarias españolas.

Las palabras de Javier Martínez de Olcoz, director ejecutivo de la firma norteamericana, durante un coloquio en ESADE sobre el futuro del sector, no dejan lugar a dudas: «tenemos un «ilustre» que llama por teléfono para que no lleguen los concursos, pero después del 9 de marzo las cosas van a cambiar».

La situación de mercado inmobiliario es, en opinión de los cuatro expertos que se reunieron ayer -el citado Martínez de Olcoz de Morgan Stanley, Juan Barba, principal del fondo Doughty Handson, Ismael Clemente, director del fondo RREEF Europe y Salvador Grané, presidente el Club Inmobiliario ESADE Alumni y director de desarrollo corporativo de Afirma-, más delicada de lo que se está dejando ver. «Determinados promotores están vendiendo por debajo de sus costes para conseguir liquidez». De hecho, todos ellos coinciden en que «es cuestión de tiempo que la mayoría de estos profesionales quiebren; es más, seguro que alguno gordo va a caer después de las elecciones».

La delicada situación del sector se ha traducido en un círculo vicioso agravado por el sector financiero nacional, «una parte importante del problema». A la ligereza con la que han sido concedidos algunos de los créditos a promotores, que dispararían de manera incontrolada la morosidad de darse una epidemia de concursos en el sector, se añaden ahora las dificultades de financiación de cajas y bancos en los mercados internacionales, lo que retroalimenta el proceso al cortar en seco la financiación al negocio «Actualmente, el mundo extranjero no compra ningún papel garantizado por cajas de ahorros o bancos españoles», asegura Barba.

El desempleo será otra de las variables que amenaza con alimentar la espiral. «El 10% del empleo español está en la promoción», asegura Martínez de Olcoz, lo que pone en la cuerda floja el sustento de cerca de dos millones de españoles, con el consecuente parón en el consumo. En este sentido, los expertos de ESADE aseguran no haber detectado estos efectos aún en la economía, pero coinciden en que el agotamiento llegará. «No sé cómo estará España dentro de cinco años, pero casi seguro que peor que ahora... las expectativas de crecimiento no son buenas», explicó Clemente.

El concurso, una vía de escape

La figura del concurso de acreedores - el equivalente actual de la suspensión de pagos- puede ser una salida para muchos promotores que se encuentran con el agua al cuello. «Con un concurso, si lo aprueban, puedes conseguir una quita con los acreedores de hasta un 50% y una espera de hasta 5 años. Los acreedores que tienen una garantía hipotecaria no tienen porqué someterse a la quita y a la espera pero no pueden ir al juzgado a comenzar el proceso antes de un año», explica Fernando González, director de IURE Abogados.

Sin embargo, la salida por la que están optando muchas inmobiliarias, el vuelco hacia el patrimonio, no convenció a ninguno de los expertos. «Esos giros necesitan muchos fondos propios y ahora mismo hay un problema de liquidez», explicaron los expertos, que consideran que esta «nueva moda» es una técnica de comunicación para convencer de la solidez del negocio.

Por su parte, el portavoz del Grupo Popular en el Congreso Eduardo Zaplana, lanzó también un dardo al Gobierno y le acusó de tener un especial interés en evitar que varias crisis en empresas del sector afloren antes de la cita electoral.

Etiquetas: , , , ,

sábado, enero 19, 2008

Fichajes

DENUNCIAS POR VIVIENDA

Del asombroso espectáculo de las corridas de los toros, la fiesta nacional, hay dos señas de identidad que merece la pena recordar: la corta de orejas (y hasta el rabo), espectáculo bárbaro donde se mutila al animal para premiar al artista, que emparenta el rito con la imaginería de las fotografías de Joel-Peter Witkin y los ritos mortuorios del México profundo, y la figura del matador tremendista, el que se pone el mundo por montera y nos enseña de forma descarnada y descarada sus artimañas y su negra entraña. Decía un cronista taurino, cuando en España aún había escribas dedicados a observar el asunto a los que mereciese la pena leer, que a Manuel Benítez 'El Cordobés', que reventaba taquillas y desorejaba astados como rosquillas -y si no, su apoderado, el célebre 'Pipo', siempre llevaba un par de ellas de reserva en la maleta con una cámara de fotos-, que lo que no se le podía pedir al maestro es "que temple".

El golpe de efecto del Partido Popular ha sido el fichaje 'estrella' de Manuel Pizarro, el que fuera presidente de Endesa, ha dado así un paso adelante, confirmando las sospechas de aquellos que pensamos que no era casual su exitosa carrera empresarial ligada a su labor en la sombra como 'consigliere' político de la opción conservadora. En su puesta de largo, en el barrio obrero de Carabanchel, acompañado por lo más bizarro de la cúpula del partido, Pizarro ha dejado ver su visión pesimista de la situación económica de España y sus recetas neoliberales, acompañadas del brío neofalangista en su presentación formal y la vieja retórica nacionalista española.

La lectura que sigue los reglones más correctos nos cuenta que Pizarro es el antídoto de la figura de Pedro Solbes, cuya carrera en el mundo económico está ligada exclusivamente a la Administración. Pizarro dibujó un escenario futuro catastrófico, pero obvió cualquier referencia al problema de la vivienda genuinamente autóctono, como la fiesta de toros; no dijo ni mú de la calamitosa situación de importantes inmobiliarias abocadas a la fusión o la quiebra; ni tampoco parece libre para criticar el alto endeudamiento de cajas de ahorro y bancos como consecuencia del 'capitalismo popular del ladrillo' que impulsaron a todometer los gobiernos de Aznar y que copia con descaro el alumno sabihondo, Nicolás Sarkozy. Pizarro puede llenar de nuevo las gradas y levantar el ánimo de cierta parte de la afición -la más iracunda, la que aplaude a rabiar las trapacerías y los desplantes del diestro-, pero está por ver si sabe templar.

Etiquetas: , , ,

jueves, enero 17, 2008

Supermartes del PP

Patxo Unzueta/ elpais

Todos los presidentes electos, Suárez, González, Aznar, han ganado una segunda vez. Es lógico pensar que también repita Zapatero, pero las encuestas no permiten asegurarlo. Al menos hasta este supermartes negro en que se hundió la Bolsa y Ruiz-Gallardón anunció su probable retirada, abriendo una crisis que no podrá dejar de afectar a las expectativas del PP. A las electorales seguramente, pero sobre todo a las internas que abriría una derrota de Rajoy.

En España hay unos cinco millones de electores que deciden a última hora. En primer lugar, si abstenerse o participar, lo que dependerá de si el hartazgo por el sectarismo dominante se impone o no al temor de que gane el que menos se desea que lo haga. La decantación podría producirse en torno a los debates televisivos Zapatero-Rajoy. Pero también tendrá que ver con los aliados previsibles (o falta de aliados posibles) de cada candidato.

J. M. Colomer llamó la atención (EL PAÍS, 18-3-2004) sobre el hecho de que si bien la suma de votos de los partidos de izquierda había superado a la del centro-derecha en ocho de las nueve elecciones celebradas desde 1977, sólo en cinco había podido gobernar. Ello había ocurrido cuando gran parte del electorado potencial del Partido Comunista (luego IU) había dado su voto al PSOE. Pero a condición de que esa concentración del voto se hubiera producido de manera espontánea, sin pacto previo. La única vez que los votos de izquierda fueron menos que los de derecha fue en 2000; en la única ocasión en que PSOE e IU concurrieron con un programa común e hicieron una campaña concertada. Su alianza perjudicó a los dos: el PSOE perdió (sobre todo en la sima de la abstención) millón y medio de votos de su electorado más moderado, y casi otros tantos IU por su costado izquierdo.

Esa experiencia contrasta con la de 1982. Tras el golpe de Tejero y la crisis interna de la UCD, Felipe González corrigió la orientación anterior y se presentó con una oferta de gobernar en solitario, sin hipotecas. O sea, sin expectativa de acuerdos tipo unidad de la izquierda. La idea era tranquilizar al electorado de centro pero impulsar a la vez una dinámica de voto útil de la izquierda contra una derecha encabezada por Fraga.

El resultado fue que el PSOE atrajo a 1,2 millones de antiguos votantes de UCD, a un millón del PCE y a otro medio millón procedente de fuerzas izquierdistas menores, según recoge Ch. Powell en España en democracia 1975-2000.

El dilema de Zapatero es cómo mantener los votos de los electores jóvenes y de izquierda rescatados de la abstención por la conmoción del 11-M y otros factores, sin por ello ceder terreno al PP en el espacio, más que de centro, de quienes unas veces votan al PSOE y otras al PP, dependiendo de las circunstancias. No parece arriesgado suponer que ese sector moderado votará o no al PSOE menos en función del programa que de la política de alianzas que ofrezca Zapatero.

En otoño de 2004, una encuesta de EL PAÍS detectaba que una amplia mayoría (52% frente a 32%) consideraba que el tripartito catalán condicionaba la política de Zapatero en toda España; y un año después, tras conocerse el proyecto de nuevo Estatuto aprobado por el Parlamento catalán, el PSOE pasaba de ir ocho puntos por encima del PP a situación de empate técnico.

Por eso ha reiterado Zapatero que no disputará la presidencia si no es el suyo el partido más votado (para estimular de nuevo el voto útil de la izquierda) y ha llamado a la vez a que se le otorgue una "mayoría más amplia" que le permita librarse de los condicionamientos de aliados nacionalistas. Un objetivo demasiado difícil como para jugárselo todo a esa carta. De ahí que mantenga abierta la expectativa de acuerdo postelectoral con CiU, pero intentando no agravar con ella la difícil relación entre el PSOE y el PSC.

Esa relación está muy deteriorada. Zapatero pactó con Artur Mas a espaldas del PSC los recortes al proyecto de Estatuto, y el PSC pactó a espaldas de Zapatero la repetición del Tripartito que dejó fuera a CiU. Ahora, La Moncloa tiene que hacer equilibrios para que asuntos como el traspaso de Cercanías de Renfe a la Generalitat (al que se oponen los sindicatos), la publicación de las balanzas fiscales (a la que se opone Solbes) o la modificación a medida del sistema de financiación (a la que se oponen las demás comunidades) no tengan un alto coste electoral en Cataluña, o uno altísimo en el resto de España.

Pero esto era antes del supermartes de Rajoy: pensaba solucionar con el fichaje de Pizarro el conflicto interno suscitado por la oposición de Aguirre a la presencia de Ruiz Gallardón como número 2 por Madrid, y el resultado ha sido el anuncio de retirada del alcalde de la capital, lo que augura una crisis mucho mayor. ¿Por qué tanto interés en ir o en que no vaya Gallardón al Congreso? Porque lo que estaba en juego era la posibilidad de un liderazgo alternativo. Por ejemplo, si ganaba Rajoy por poco y no encontraba aliados. O si los resultados eran tan ajustados que hacían inevitable un pacto PSOE-PP.

Los términos de la cuestión han cambiado. Puede que el episodio no tenga una influencia electoral tan decisiva, pero ahora un mal resultado de Rajoy le obligaría a dimitir. Lo que tal vez daría a Ruiz-Gallardón la oportunidad de regresar por la puerta grande; o, si no lo consigue, de impulsar la creación de un partido centrista capaz de completar mayorías tanto con el PP como con el PSOE.

Etiquetas: ,

Counter
Site Counters