lunes, mayo 25, 2009
miércoles, julio 30, 2008
Opiniones bajo sospecha
DENUNCIAS POR VIVIENDA
Para la buena formación de una ciudadanía crítica es necesario avalar la libertad de expresión, lo que ampara a la mayor parte de las opiniones que se emiten en un régimen democrático como el nuestro. La opinión casi nunca debe ser respetada -se puede disentir desde lo nimio a lo obvio, desde lo mínimo a la mayor-, pero siempre ha de respertarse a las personas que emiten sus opiniones, por muy equivocadas que puedan estar. Ayer propagó la prensa la noticia de que un locutor de radio muy popular ha sido condenado por injuriar a otro ciudadano, un periodista de otro medio, un director de periódico; considera la juez que el locutor denunciado, con sus insultos personales, menoscabó el honor del periodista denunciante. La justicia dirime, por medio de multas, cuando se lesionan intereses por la emisión de opiniones en los medios de comunicación de masas.
Sin embargo, ante un fenómeno tan complejo y tramado de intereses como la creación (y ocultación) de la burbuja inmobiliaria que se ha cocinado en España en los últimos veinte años, las opiniones resultan (o resultaban; ya cualquier tertuliano se ha autoconvencido de que él/ella siempre denunció la especulación urbanística) de alto riesgo. El grupo de jóvenes anónimos que se unió en asamblea para analizar y denunciar el alto precio de la vivienda, se encontró con el muro de silencio oficial: ni Administraciones ni medios de comunicación de masas recogían sus análisis ni sus críticas, pues eran los encomendados, los intermediarios, a la hora de ocultar la ingente estafa piramidal de la burbuja inmobiliaria, bajo la argucia de que en el capitalismo popular del ladrillo la compra de un inmueble es (era) la garantía de los ahorros de toda una vida. Aunque el piso es caro, si se revaloriza un 8 o un 10 anualmente, siempre serás más rico -argumentaba el empleado de banca ante el cabeza de familia, generalmente, poco ducho en educación financiera, hasta convencerle para que estampara su firma en el contrato del crédito hipotecario-. La banca, de hecho, ha sido la principal beneficiada por este subidón de precios sobre un bien básico que, supuestamente, retóricamente, garantiza la Constitución del 78.
A la infamia del ninguneo (por ser unos don nadie... para estos pijoteros; por ser molestos... para quienes llevan las riendas del poder) se había adelantado la criminalización de los movimientos sociales desde los púlpitos públicos y la presión policial, el enjuiciamiento a algunos activistas pro vivienda por el simple hecho de protestar en la calle (que debería ser de todos, pero ya parecen haberlo olvidado) ante una injusticia elemental: la falta de acceso a una vivienda digna en alquiler o comprada y las condiciones deplorables del mercado laboral para millones de personas, jóvenes o no. (El 60% del mercado laboral español no llega a un tope salarial de 1.200€/mes, según un informe de la Ocde. Y casi un tercio de la población activa no supera el umbral de pobreza, según el mismo informe del mismo organismo.)
De postre, tuvimos que merendarnos las opiniones de algunos plumíferos al servicio de intereses electorales (de partido político) o empresariales (de empresa de comunicación). Sin embargo, estos escritores, travestidos ocasionalmente de sicarios de la pluma, voceros de su señor, acólitos de su mini lobi mediático, no tendrán juicio ni amonestación de la alta instancia ni, por tanto, castigo alguno, pues trabajaban codo con codo con el opresor y de cara al mentidero. Lo que no les impedirá después, que es ya mismo, que se les llene la boca de transparencia informativa y las virtudes que otorga cultivar el espíritu. ¡Criaturitas! Profesionales, intachables; ciudadanos, detestables.
Etiquetas: burbuja inmobiliaria, criminalización de los movimientos sociales, libertad de expresión, V de Vivienda
jueves, julio 17, 2008
La democracia menguada
Ricardo Rodríguez/ larepublica
Poca gente se habrá enterado de que el pasado 24 de mayo algo más de un millar de personas se manifestaron por las calles de Madrid para protestar por el hecho de que un fiscal pida un total de cincuenta años de cárcel para nueve jóvenes. El atroz crimen por el que al parecer han de ser tan severamente castigados consiste en haber reivindicado en concentraciones pacíficas el derecho a una vivienda digna y desde luego haber intentado evitar ser apaleados por la policía. Sobra añadir que ni la manifestación del 24 de mayo ni los motivos por los que se convocó han merecido ocupar espacio alguno en los medios de comunicación. Disponiendo de las zozobras de Rajoy o la polémica sobre nuestra participación en Eurovisión, a qué reparar en asuntos sin importancia.
Cuando en mayo de 2006 empezaron las sentadas reivindicativas del derecho a una vivienda digna, de las que luego nació un movimiento social que dio en llamarse V de Vivienda, numerosos medios se hicieron eco de las protestas. Resultaban vistosas, sorprendentes por su espontaneidad y la gran cantidad de jóvenes que participaban en ellas y además llamaban la atención acerca de un gravísimo problema social del que ya era imposible dejar de hablar. Coincidieron más o menos en el tiempo con la eclosión de escándalos de corrupción inmobiliaria, lo que pudo hacer bien visible que durante años los poderes públicos, en connivencia con empresarios voraces, habían apuntalado un orden social en el que, mientras una elite se forraba obscenamente, cerca de ocho millones de ciudadanos veían negado un derecho que dice garantizarles el artículo 47 de la Constitución. En un país, por cierto, en el que se acumulaba cerca de la mitad del volumen de construcción de toda la Unión Europea y había sin embargo más de tres millones de viviendas vacías.
No quedaba más remedio que hablar de ello, no fuera a ser que el malestar ciudadano se desmandara, o, peor aun, que los ciudadanos empezaran a pronunciarse sin líderes que los apadrinaran. Y los dirigentes de los grandes partidos políticos comenzaron a hablar de ello. Claro que sólo para arrojar a la cara del adversario sus casos de corrupción y justificar los propios, o bien para alardear de políticas de vivienda que en la práctica han demostrado ser catastróficas, porque aquí nadie ha querido, ni quiere, matar a la gallina de los huevos de oro del ladrillo y la especulación. A los ayuntamientos –o, mejor dicho, a sus gestores públicos- les ha ido de maravilla con el tinglado y a los partidos políticos digamos que no les ha estorbado.
Inaugurado el debate donde convenía, es decir, en las tribunas de los mítines, los parlamentos o los grandes medios de prensa, en las que todo asunto puede transformarse en disputa electoral, los que sobraban eran los ciudadanos, salvado sea su mero papel de oyentes. A medida que las asambleas de base por una vivienda digna fueron madurando, y según fueron desvelando la escandalosa maraña de intereses económicos que se beneficiaban de la miseria de la mayoría de la población, la atención en general de la prensa hacia ellas se fue enfriando hasta casi olvidarlas por completo, con las fugaces excepciones de breves notas casi siempre alusivas a enfrentamientos con la policía. Entristece ver cómo un movimiento ciudadano independiente de burocracias sindicales, de los aparatos de los partidos y desde luego de grupos empresariales, y capaz no obstante de armar una alternativa social propia, se vuelve de inmediato por ello sospechoso. Entre nosotros, la democracia no abarca a aquellas expresiones que no se canalicen por estructuras de poder bien reconocibles.
Se tolera y a veces hasta se estimula que la ciudadanía se queje de algún mal social y reclame el cumplimiento de un derecho. La demanda cívica se puede manejar a gusto de cada demagogo para tratar de obtener ventaja en los foros mediáticos. Es bien sabido que todo autoritarismo precisa para su sostenimiento de la invocación constante al pueblo soberano, siempre que la soberanía del pueblo no pase de mero adorno. Ésa parece ser la tendencia de cualquier forma de poder, incluso la de Estados liberales, por más que en éstos la elusión de la voluntad popular recurra a procedimientos más sutiles, como en su día advirtió Tocqueville. A la llamada opinión pública se le dará la ocasión de quejarse o, como mucho, de dar respuestas simples, de ésas que caben en las encuestas al uso. Pero si la ciudadanía, o siquiera una minoría dentro de ella, aparte de quejarse, comienza a señalar las causas profundas de los males sociales, la cosa se vuelve preocupante. Y ya si se atreve a organizar una alternativa consciente de cambio, se desencadena la alarma.
La marginación en tal supuesto es un primer paso para ahogar la gran o pequeña rebeldía que haya despertado. Para los jóvenes de las protestas por la vivienda se busca además un escarmiento ejemplar. Y no es el único caso. Ya no resultan insólitas las condenas a prisión de huelguistas –recuérdese a los sindicalistas que inspiraron la película Los lunes al sol-, de manifestantes antiglobalización o de estudiantes. Y la condena lleva siempre aparejada un odioso estigma social; los que alzan la voz al margen de una u otra oficialidad son convenientemente catalogados como «antisistema», «radicales» o «extremistas». Habitan el subsuelo de la comunidad aceptable. Estremece comprobar lo fácil que resulta el encasillamiento, aunque un movimiento como V de Vivienda esté denunciando ni más ni menos que lo que son conclusiones de un informe sobre la vivienda en España de la ONU que se publicó en enero de este año y sobre el que también, qué casualidad, se abatió el silencio.
El simple hecho del atroz castigo que para estos jóvenes se pide debería mover a escándalo. Piensa uno que si el novelista Norman Mailer, quien atravesó el cordón policial que resguardaba el Pentágono en la mítica marcha contra la guerra de Vietnam en 1967, hubiese tenido similar ocurrencia hoy y aquí podría haberse pasado un lustro a la sombra. Pero lo más grave es la represión de la disidencia que se pronuncia sin poderes políticos, económicos o mediáticos que la amparen, esto es, con absoluta libertad. La mayoría silenciosa tendría que empezar a preguntarse qué democracia es ésta que repudia la ciudadanía activa, saludablemente desconfiada con el poder y que no se conforma con votar cada tantos años y responder encuestas de opinión. No tendría que olvidar, en fin, las manidas palabras del pastor Martin Niemöller que se atribuyeron a Brecht: «Cuando vinieron a por los comunistas guardé silencio…»
detenidos por una vivienda
Etiquetas: Asamblea V de Vivienda, burbuja inmobiliaria, criminalización de los movimientos sociales, detenidos por una vivienda digna, medios de comunicación de masas
domingo, julio 13, 2008
Cristina Castillo (Detenida en la sentada por la vivienda): “Quisieron cortar de raíz las protestas por la vivienda”
Alvar Chalmeta/ diagonal
Foto: Miguel Ángel Martín (violencia policial en la sentada por una vivienda, 21/05/2006)
50 años de cárcel es el total de las condenas solicitadas por la fiscalía, recientemente hechas públicas, contra nueve personas detenidas en Madrid hace dos años en una movilización “por una vivienda digna”.
DIAGONAL : ¿Cómo y cuándo se produjeron las detenciones?
CRISTINA CASTILLO SÁNCHEZ : Las manifestaciones por la vivienda digna comenzaron como sentadas convocadas por internet. Yo asistí a la segunda que hubo en Madrid, el 21 de mayo de 2006. Reunió en Sol a unas 2.000 personas. Desde el primer momento, todas las calles de salida de la plaza estaban cortadas por grandes filas de antidisturbios que negaban el paso. Pasaron un par de horas en las que permanecimos sentados de forma pacífica, manifestándonos. Desde el inicio, la policía se comportó de forma agresiva, llegaron incluso a tirar al suelo a un chaval, y a patearle todo el cuerpo, hasta la cabeza. Después de presenciar diversas agresiones de este tipo, la gente comenzó a ponerse nerviosa y a asustarse. El clima era de un desconcierto absoluto, sobre todo porque no hubo ningún ataque previo por parte de los manifestantes Días más tarde en otras movilizaciones hubo más detenidos –ocho y luego tres– pero las acusaciones en su contra han quedado en faltas. No existe justificación alguna para este trato dispar. Supongo que fuimos los primeros, y quisieron cortar de raíz una protesta, que de triunfar, podía tocar un tema muy sensible, donde hay mucho dinero e intereses en juego.D. : ¿De qué se os acusa?
C.C.S. : A mí se me acusa de desórdenes públicos (dos años de cárcel de petición fiscal) y de atentado a la autoridad (tres años y dos meses). No estamos todos en la misma situación, hay dos compañeros a los que se le acusa de lo mismo, pero les piden un año más de condena. También nos impusieron medidas cautelares extremas, teníamos que ir los nueve a firmar cada 15 días a los juzgados. Después de un año firmando, nuestros abogados consiguieron que nos lo dejaran en una vez cada dos meses. Y así estamos desde hace dos años. El juez justificó esto en la posible fuga del país, sabiendo de sobra que era desproporcionado. El fiscal ha pedido lo máximo posible para tener con qué jugar en el juicio, pero supongo que no pisaremos la cárcel, ya que no tenemos antecedentes penales. Lo más probable es que tengamos que pagar multas cuantiosas.
D. : ¿Cómo os habéis organizado?
C.C.S. : No nos conocíamos de nada anteriormente, fuimos detenidos en diferentes lugares. Sólo había dos chicas de las tres que somos, que eran amigas. El resto nos conocimos en comisaría. A partir de la detención, nos unimos y nos organizamos, creando un grupo, y reuniéndonos en asambleas. Actualmente, el grupo de apoyo a los detenidos (detenidosporunavivienda. org) cuenta con la colaboración de gente no detenida, incluso madres y padres, y compañeros militantes en otras organizaciones. que trabajan junto a nosotros.
D. : Las manifestaciones de solidaridad con las personas detenidas no han sido masivas...
C.C.S. : En cierto modo es normal, el movimiento no ha alcanzado a estructurar una esfera pública propia sólida lo que implica que, pasado el tiempo tras las grandes movilizaciones, conseguir sacar a la calle a la gente por motivos represivos es una barrera añadida, puesto que se percibe como pura muestra de solidaridad, donde aparentemente no se ‘gana’ nada por acudir.
D. : Tras las sentadas ¿queda un movimiento por la vivienda?
C.C.S. : Precisamente tras las sentadas comenzó el movimiento por la vivienda como algo organizado políticamente, con asambleas periódicas. De eso hace dos años, llegó a la cumbre y tal vez volvió a caer. Ahora mismo no son muy visibles, pero si lo han sido, y tal vez lo vuelvan a ser. Su utilidad se encuentra en su capacidad de indagar en la temática de la precariedad.
Etiquetas: criminalización de los movimientos sociales, detenidos por una vivienda digna, V de Vivienda




