Denuncias por vivienda

Contra la vivienda indigna. V de Vivienda. Todos juntos podemos.

lunes, junio 02, 2008

Las cajas y los bancos españoles titulizan más pese a la crisis: el BCE paga

Alberto Cañabate/ invertia

La transformación de los créditos concedidos por las entidades financieras españolas en bonos de titulización va viento en popa. Hasta mayo, se han creado fondos estructurados por valor de 45.500 millones de euros, un 15,2% más que en el mismo periodo de 2007. La crisis de liquidez ha pasado de refilón por estos productos, ya que en lugar de colocarlos al mercado, como era habitual, las mismas entidades los suscriben para acudir a las subastas de liquidez del Banco Central Europeo (BCE).

Según datos de la agencia de calificación Fitch, España se ha convertido en el segundo mayor mercado de titulizaciones en Europa, con una cuota aproximada del 30% del mercado. De acuerdo con una nota de prensa de esta compañía, los bancos españoles han incrementado la utilización de la liquidez del BCE hasta los 47.600 millones de euros en abril de 2008, frente a los 19.100 millones de euros en el mismo mes de 2007.

Una cifra que coincide con el valor de los productos estructurados que las entidades españolas han creado entre enero y mayo, según datos recopilados por Invertia de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). En los cinco primeros meses de 2007, bancos y cajas titulizaron 39.500 millones de euros, mientras que en 2008 la cifra ha crecido el 15,2% hasta los 45.500 millones. Repartidos a partes prácticamente iguales entre bancos y cajas.

La mayor emisión individual corresponde a BBVA, que la semana pasada hizo una emisión de 5.000 millones de euros “con la intención de ser suscrita de forma íntegra por la entidad cedente [BBVA] con el objeto de disponer de activos líquidos que puedan ser utilizados como garantía en operaciones con el Eurosistema”. El banco que preside Francisco González encabeza las emisiones con 6.225 millones en 2008. Bancaja es la caja más activa con cerca de 4.500 millones en cinco meses.

La principal diferencia entre los productos estructurados -tal y como se puede leer en los folletos remitidos al regulador- es que el año pasado, antes de que la crisis subprime pusiera en jaque el sistema financiero mundial, las titulizaciones de créditos se vendían en los mercados mayoristas. Ahora, son las propias entidades cedentes de los créditos las que suscriben los bonos.

Con estos bonos de titulización, bancos y cajas pueden acudir a las subastas periódicas del BCE. El banco central presta el dinero a cambio de este colateral, perfectamente válido a pesar de las numerosas críticas que desde muchos sectores (sobre todo banca y medios extranjeros) se han vertido sobre esta práctica. El grueso de las emisiones cuenta además con una calificación AAA por parte de las agencias. Es decir, las hipotecas o préstamos que respaldan los bonos son de máxima calidad.

Sobrevienen las primeras advertencias

Aunque Standard & Poor´s (S&P) y Fitch ya han advertido sobre algunos tramos de estos productos estructurados: aquellos que ofrecen mayor rentabilidad o bonos junior y que suponen alrededor del 2% de cada fondo. Fitch ha puesto bajo perspectiva negativa desde estable los tramos D y E de dos fondos de titulización de activos de Santander (FTA Santander Hipotecario 3 y FTA Santander Hipotecario 4), respaldados por hipotecas concedidas por Santander. Eso sí, el resto de clases (A1, A2, A3, B, C y F) mantienen su calificación y la perspectiva estable.

A principios de abril, la agencia S&P dijo en un informe que los fondos de titulización pueden ver rebajada su calificación crediticia “si los impagos comienzan a crecer de forma rápida”. “Los resultados [de un estudio] muestran que si se produce un incremento de los niveles de impagos o una caída en los precios de la vivienda, los bonos junior podrían ser objeto de rebajas en las calificaciones”, al contrario que los bonos senior, “que están extremadamente bien protegidos”.

Las titulizaciones suelen estar compuestas por tres tipos de bonos. Los senior tienen calificaciones crediticias más altas que la media de las calificaciones de los componentes del activo del fondo, mientras que los bonos junior tienen calificaciones más bajas que la media. Los bonos que no tienen calificación crediticia se encuentran subordinados a todos los bonos emitidos por el fondo de titulización (tramo equity o de primera pérdida).

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viernes, noviembre 16, 2007

El sistema bancario español está preparado para desaceleración inmobiliaria, según S&P

Efe/ cotizalia

El sistema bancario español está "bien preparado" para hacer frente a la desaceleración prevista en el mercado inmobiliario, según indica la agencia de "rating" Standard & Poor´s en un informe monográfico sobre este asunto hecho público este jueves.

"Un efecto positivo de esta ralentización es que esta ayudando a corregir algunos desequilibrios creados durante su expansión", indica la analista crediticia de Standard & Poor´s Angela Cruz, que apuesta por una corrección "moderada y gradual" dejando espacio a la economía española y el sector bancario para "ajustarse a la nueva situación sin excesivo sufrimiento".

Entre los nubarrones que se atisban en el horizonte, según el estudio, podrían estar la evolución de la actividad de la construcción residencial y, particularmente, su contribución al crecimiento económico español, así como la "incertidumbre" sobre el impacto de la falta de liquidez en los mercados financieros tanto en la confianza del consumidor como en la aceptación de créditos.

Aún así, según S&P, todavía España registrará una "fuerte" expansión de crédito, pues el sistema bancario español todavía está "significativamente" expuesta a los promotores de vivienda, el sector más vulnerable a un giro en la evolución del mercado de la vivienda.

Además, los bancos españoles tienen un balance y unas cuentas de resultados "fuertes" y "sostenibles", para poder absorber el crecimiento esperado en impagos, incluso en un "escenario de estrés".

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lunes, noviembre 12, 2007

¡¡¡Peligro!!! El apellido de la crisis ya no es liquidez sino solvencia

S. McCoy/ cotizalia

Cuidado. Aquí está pasando algo muy gordo y el mercado, hasta esta semana, está prefiriendo ignorarlo. Siguen los mensajes positivos a diestro y siniestro de todos aquellos cuya supervivencia está en juego con la crisis actual. Qué remedio. Sin embargo, les recomiendo un ejercicio práctico. Cójanse, aleatoriamente, cotizaciones bancarias a uno y otro lado del Atlántico. Salvo contadas excepciones, niveles de 2004 y 2005 son el pan nuestro de cada día para muchas entidades. Si una valoración eficiente descuenta, a precio de hoy, expectativas futuras, entonces prepárense. Porque aquí se avecina una crisis financiera, recuerden lo que les digo, sin precedentes, que puede cambiar la faz económica mundial.

El negocio bancario nunca se ha caracterizado por la candidez. Más bien al contrario. Sin embargo, los inversores prefirieron creer las acotaciones de pérdidas de agosto y septiembre antes que hacer una reflexión sensata sobre la probabilidad de que dichas acotaciones se acercaran, aunque fuera de lejos, a la realidad. Los bancos urgidos a tranquilizar. Y los accionistas confiados con las explicaciones. Qué bárbaro. El optimismo antropológico de nuestro presidente cruzando fronteras. Que siga la fiesta. Nadie se paró a pensar entonces que, sencillamente, era imposible que las entidades supieran en un plazo tan corto de tiempo el importe real de sus pérdidas. Por tres sencillas razones derivadas de la naturaleza de los vehículos afectados.

Primera, son productos que requieren de mark to market (precio de mercado) o de mark to model (precio del modelo) para su valoración. Cuantificar ex ante las pérdidas implicaba una estabilidad de precios o una fiabilidad de los modelos que han resultado estar muy lejos de la realidad. Segundo, el empaquetado de riesgo ha permitido su dispersión entre una pluralidad de tenedores, cierto, pero el riesgo final último pertenece, en su totalidad, a la entidad originadora del mismo, en muchos casos, firma bancaria que ha hecho uso del off-balance a través de los conduits o vehículos especiales que les facultaban para ofrecer financiación adicional al mercado. Tercero y último: al quebrar el sistema de confianza aportado por las agencias de rating, el riesgo asociado a cada activo, determinante de los diferenciales a aplicar sobre el mismo, se había convertido en una moneda lanzada al aire. Que no me toque, por Dios. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy.

Así, una de las causas más citadas en la prensa especializada norteamericana para la caída bursátil del viernes se halla en el anuncio por parte de State Street de la liquidación de uno de sus CDO´s (Carina), convirtiéndose así en uno de los primeros vehículos de este tipo en correr esa suerte. El análisis lo recojo de una web de culto norteamericana que les recomiendo tengan en su punto de mira: www.minyanville.com, fundada por Todd Harrison, ex trader de derivados de Morgan Stanley y columnista habitual en Market Watch. El impacto inmediato, agárrense que vienen curvas, es que el tramo senior del CDO pasó de AAA (el mejor posible en la escala de S&P’s) a BB (dos grados por debajo del nivel de solvencia cierta). Pero es que otro tramo AAA pasó directamente a CCC o basura. ¿Entienden ahora lo que les digo? Una pérdida probable, como todo en la vida, pero casi imposible, pasa a convertirse en algo enormemente factible. Extiéndanlo a la pléyade de productos con calificaciones similares que hay en el mercado, aplíquenlo a la multitud de rating menores, reconozcan la pérdida completa del tramo equity y entenderán, entonces, parte del pánico del mercado.

Indudablemente, situaciones como la anterior generan desconfianza en el prestamista y drenan la liquidez. Encontramos así el primer apellido al sustantivo crisis: liquidez. El problema es cuando, a nivel bancario, se encarecen los costes de financiación, lo que afecta al margen financiero, bajan las comisiones asociadas a estructuración y operaciones corporativas, se secan los ingresos de prop trading como consecuencia del establecimiento de fronteras de riesgo tolerado mucho más estrechas, se ha de hacer mark to market a la baja de las posiciones en cartera y se tienen que meter en balance, ante la imposibilidad de refinanciación, los vehículos especiales que fueran en su día utilizados para no perder la batalla por el crédito.

Les recomiendo que rescaten un revelador dibujo de Financial Times de principios de la semana pasada. Dibujaba un efecto dominó que comenzaba por el subprime y pasando por los CDOs, los aseguradores de bonos o monolites (otros de los damnificados de la semana pasada) y los bonos municipales (en Estados Unidos rezan porque aguante este mercado) llegaba a los bancos que eran la última ficha en caer. Como en el caso de los AAA, probable pero ¿imposible? La pregunta está en saber si el equity de los bancos va a aguantar las pérdidas multimillonarias durante mucho más tiempo. Y esto, que parecía una quimera hace no tanto, ya no está tan claro para algunos analistas. El segundo apellido de la crisis, solvencia, negada hasta la saciedad en sus fases iniciales, comienza a tomar cuerpo.

De acuerdo, todo esto puede resultar una exageración. Y hasta puede que la eficiencia del sistema financiero, que prima a los que han hecho bien los deberes, caso de Santander, por ejemplo, sirva para poner a cada uno en su sitio, sin que de ello se derive en una crisis de mayores proporciones. Ojalá. Pero pintan bastos. Sin duda. Y nos quedan no semanas, sino meses, de mucha incertidumbre donde el mercado, que no distingue churras de “meninas” que diría Belén Esteban, meterá en el zurrón de los damnificados a muchas entidades que ofrecerán así oportunidades históricas de compra para los más atrevidos.

Ya estamos viendo precios/valor en libros rondando la unidad y precios/beneficios por debajo de ocho (sobre unos beneficios... ¿ciertos? Esa es la cuestión). Pero no se impacienten. Esto no ha hecho más que comenzar. Los cuentos, para el cole. La realidad bancaria a día de hoy es trágica. Y sus cotizaciones lo están demostrando. Por paradójico que parezca, buena semana a todos.

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domingo, noviembre 11, 2007

¿Quién avala al avalista?

JOSÉ IGNACIO CRESPO
elpais


Desde el miércoles 31 la amenaza de una nueva tormenta en los mercados de crédito ha comenzado a girar en torno a un tipo de empresas especializadas poco o nada conocidas en España: las llamadas compañías de seguros monoline. Estas compañías de seguros concentran su actividad en conceder avales a las emisiones de bonos y obligaciones realizadas por otras empresas o instituciones. Gracias a ese aval las empresas avaladas pagan un tipo de interés más bajo por sus emisiones de bonos ya que los avalistas suelen gozar de la calidad crediticia máxima. A pesar de lo poco conocidas que son, entre ellas hay algunos gigantes como MBIA o Ambac. Otras son Radian o MGIC.

Este tipo de actividad se inició a mediados de los setenta avalando emisiones de los municipios norteamericanos. Si están ahora de actualidad es porque las empresas de este sector han venido avalando en los dos últimos años emisiones de CDO (credit default swaps), los instrumentos que están en el centro del problema crediticio por tener dentro de su complicada estructura de inversión emisiones de bonos procedentes de titulizaciones hipotecarias.

La cotización en Bolsa de los monolines ha experimentado desde principios del verano pérdidas de entre el 50% y el 90%. Esas caídas en Bolsa se aceleraron la semana pasada al presentar alguna de ellas pérdidas trimestrales por primera vez en su historia y arreciar los comentarios sobre la capacidad que tienen de mantener su calidad crediticia, verdadera piedra de toque del negocio.

¿Por qué es crucial que esa calidad crediticia o rating se mantenga? Porque si las agencias de rating decidieran reducírsela se produciría también un descenso automático del rating de las emisiones de bonos avaladas por ellas, con la consiguiente caída de precio de esas emisiones y la acumulación de pérdidas en las carteras de inversión que las tuvieran entre sus activos. Es más, muchos inversores institucionales, que tienen criterios aprobados por sus consejos de administración de no realizar inversiones por debajo de un determinado rating, se verían obligados a vender las emisiones que ya no cumplieran esos criterios como consecuencia de la pérdida de calidad de las emisiones avaladas por los monolines, lo que las llevaría a nuevas caídas de precio. Se provocaría así una espiral en la que, a su vez, se deterioraría de nuevo la calidad crediticia de los monolines (téngase en cuenta que si decae la calidad crediticia de las emisiones avaladas aumenta la probabilidad de que las empresas monoline tengan que hacer frente a la ejecución de los avales que prestaron a esas emisiones). O lo que es lo mismo, se incrementarían las dudas sobre la capacidad de los monolines para hacer frente a sus compromisos como avalistas, lo que sería bastante peor.

Hasta ahora los monolines han mantenido el respaldo de las agencias de calificación. Ambas, agencias y empresas monolines, aseguran que el riesgo hipotecario avalado a través de CDO no supera el 4% de su riesgo total avalado y no dan excesiva importancia al hecho de que éste supere en 150 veces sus recursos propios. Sin embargo, el coste de avalar, a su vez, a estas empresas avalistas se ha incrementado considerablemente desde la semana pasada: en el mercado de CDS, el coste de avalar 10 millones de dólares de deuda a cinco años de alguno de los monolines había pasado de 185.000 dólares anuales de hace un mes a 620.000 dólares. Algo que es más propio de una emisión de bonos basura que de una empresa a la que las agencias de rating siguen asignando la máxima calidad crediticia de AAA. Si pensamos que el volumen de emisiones avaladas por las monolines supera los tres billones de dólares, más vale que las agencias de calificación no yerren el juicio esta vez.

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sábado, noviembre 03, 2007

La crisis de las 'hipotecas basura' pasa factura a las agencias de calificación

La Bolsa castiga a las firmas de 'rating', y la banca cuestiona sus métodos

ÍÑIGO DE BARRÓN / El País - Madrid - 03/11/2007

"Deberían ser como linternas en la oscuridad, pero lo cierto es que ahora no lo son". Con esta frase, un alto ejecutivo de un gran banco define lo que está ocurriendo con las agencias de rating o de calificación en la crisis de las hipotecas basura o subprime. Standard & Poor's (S&P), Moody's y Fitch Ratings son las tres agencias más importantes, por este orden, aunque las dos primeras se reparten la mayoría del mercado en un duopolio no declarado.

La banca cree que han perdido prestigio por no alertar de la crisis

La misión de estas agencias es evaluar la capacidad que tiene una entidad o un activo (como los paquetes de hipotecas subprime, de alto riesgo) para cumplir con sus obligaciones de pago. En lenguaje sencillo, son las que dicen quién es de fiar y quién no o, si se quiere, hasta qué punto unos activos son buenos o malos.

En plena crisis de confianza los mercados no se creen los dictámenes de las agencias de rating o calificación, sobre todo en lo que afecta a los activos hipotecarios. Sus veredictos se han puesto en entredicho. "Hay activos hipotecarios calificados con triple A [la máxima nota], que es el rating de la deuda norteamericana. Es difícil que el mercado lo entienda", dice un consejero de un gran banco español. El sector cree que no han utilizado métodos adecuados. "Las agencias no han comprendido cómo funcionan los vehículos de las hipotecas subprime y han cometido errores", dice Stephen King, economista jefe del HSBC, el tercer mayor banco del mundo. Los problemas se han reflejado en sus cotizaciones: desde el comienzo de la crisis, el 8 de agosto, Moody's ha perdido un 29,8% de su valor y McGraw Hill, a la que pertenece Standard & Poor's, un 17,8%.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España, cree que hay que revisar "la actuación de las agencias". "No soy partidario de que se cree nueva legislación sobre ellas, pero sí que se analice la transparencia de sus métodos y los criterios utilizan para valorar activos". Bruselas les acusa de reaccionar con lentitud y no usar las alarmas que tienen para advertir a los inversores de posibles problemas.

Con el final de la crisis de liquidez aún lejano, la urgencia es solucionar la situación. "Pero cuando pase, las agencias no se van a ir de rositas. Tendrán que dar muchas explicaciones y no sé cómo acabarán", dice el director general de un gran banco.

Sin embargo, estas compañías se defienden. S&P asegura que informó al mercado en abril de 2006 de que eran necesarias más garantías para los préstamos subprime de mayor riesgo. Pese a todo, esta agencia y Moody's están dispuestas a "dialogar" con la Comisión Europea y aclarar su actuación. "El peor castigo es que el mercado deje de utilizar nuestras calificaciones, como ocurrió con los problemas de liquidez del pasado verano", comenta Richard Hunter, de Fitch Ratings.

En Standard & Poor's se reconoce que "hay paquetes con activos hipotecarios con la calificación de máxima solvencia que no son apreciados por el mercado no por riesgo crediticio sino por el riesgo de mercado o de liquidez", confiesa Juan de la Mota, máximo responsable de S&P en España. Vickie Tillman, primera ejecutiva de esta agencia, en una declaración ante las autoridades norteamericanas, afirmó que "sólo tres de entre más de 14.000 valores subprime de primer rango calificados por S&P han resultado fallidos desde el 1 de julio".

Entonces, ¿por qué nadie se fía de las calificaciones? En opinión de Juan de la Mota porque "hay una percepción negativa de todo lo que sea hipotecario que inunda el mercado". Este directivo comenta que es una situación impensable en crisis pasadas "porque nunca había desaparecido casi del todo la liquidez". Juan Pablo Soriano, director general de Moody's España, opina que las agencias "no somos responsables de la crisis de liquidez. El subprime ha sido sólo la chispa que ha encendido la mecha". Las agencias recuerdan que no fueron ellas las que crearon estos paquetes, sino los bancos de inversión, que cobraban por colocarlos entre hedge funds y otros inversores ávidos de altas rentabilidades. De hecho, estos paquetes de hipotecas ofrecían rentabilidades de hasta el 12% y el 14%.

El sector coincide en que se concedieron calificaciones muy altas a productos "casi basura". Las agencias lo niegan y aclaran que "los activos subprime que tienen la máxima calificación cuentan con otros soportes financieros adicionales", según S&P. Es decir, los bancos debían financiar la liquidez de esas hipotecas, aunque llegada la crisis, han sido incapaces de hacerlo. Hunter, de Fitch, reconoce que "la situación que hemos vivido ha superado todas las expectativas de pérdidas. Cualquier proceso que requiera predecir comportamientos futuros está abierto al riesgo de que en el futuro no se cumplan los pronósticos". Todo un acto de sinceridad.

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martes, octubre 23, 2007

Standard & Poor's sitúa el sobreprecio de los inmuebles en España en el 30%

M. L./ abc
Madrid


La gran demanda de vivienda por parte de la población inmigrante y el aumento de las familias unipersonales han sido los factores que, según Standard & Poor´s, han impulsado el «boom» de la vivienda en nuestro país en los últimos años, con el resultado de un gran aumento de precios que ha llevado a una sobrevaloración del mercado inmobiliario en torno al 30%.

Los cálculos de la agencia de calificación son también aplicables en casi los mismos términos a Gran Bretaña e Irlanda, si bien el estudio pone especial énfasis en que los visados de nueva vivienda en nuestro país están experimentando un rápido descenso.

Para Standard & Poor´s el problema latente para la economía española es su excesiva dependencia de la actividad constructora, tanto residencial como en infraestructuras. El estudio de la agencia subraya que hasta el momento no se han dejado sentir en el crecimiento del PIB los efectos del frenazo del sector inmobiliario, pero subraya que en 2008 sí se dejarán sentir en toda su intensidad.

El informe sostiene que el próximo año el sector constructor dejará de aportar 1,2 puntos al aumento del PIB y sus estimaciones sitúan el crecimiento económico español en el 2,5% en el año 2008, ocho décimas por debajo de las previsiones oficiales del Gobierno.

Standard & Poor´s hace un análisis del efecto que tendrá la ralentización de la actividad constructora en las cuentas generales del Estado y estima que la previsión de superávit efectuada por el Gobierno -fijada en el 1,15% del PIB- es «menos que prudente». Para la agencia, estas previsiones quedan más en entredicho cuando por la cercanía del proceso electoral, el Gobierno ha incluido en los presupuestos para el próximo año un aumento de 2.300 millones en gasto social.

Euribor a la baja

No obstante, entre tanta previsión negativa sobre la economía en general y sobre el mercado de vivienda en particular, ayer se produjo un hecho que puede devolver la esperanza a los ciudadanos que ven como las letras de sus créditos no ahcen sino subir: el Euribor a doce meses bajó ayer del 4,6% por primera vez desde que estalló la crisis subprime. Desde el 7 de agosto no estaba tan bajo.

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