Denuncias por vivienda

Contra la vivienda indigna. V de Vivienda. Todos juntos podemos.

lunes, agosto 03, 2009

Cuatro bodas y un funeral

José Antonio Bueno/ elperiodico

De momento es lo (poco) que tenemos de la tan necesaria reestructuración del sector financiero español. Cuatro proyectos de fusión (uno en Castilla y León, otro en Andalucía y dos en Catalunya), no todos definitivos. Y una intervención, la de la CCM que por lo que se filtra no pinta muy bien. Habrá, tiene que haber, más bodas. Y habrá, tiene que haber, más funerales. Y cuanto antes mejor.

En octubre, cuando hablábamos de la crisis global, de las hipotecas subprime y de depreciaciones de productos estructurados complejos, comparaba en este mismo diario los activos tóxicos con las manzanas ponzoñosas de la madrastra de Blancanieves. Decía que en el sistema americano estaba todo tan mezclado que era como tratar de separar manzanas buenas de las malas en un frasco de compota, algo imposible. En nuestra banca sólo había unas pocas manzanas con problemas que era muy fácil aislar. Por ello muchos decíamos que nuestra banca era de las más sólidas del mundo.

Sucede que el tiempo ha pasado. Muchos bancos internacionales han tirado efectivamente a la basura frascos enteros de compota de manzana, han depreciado sus balances, generando agujeros que les han forzado a recapitalizarse, malvenderse, fusionarse o incluso ir a la liquidación. La lista de caídos ilustres es amplísima. En España, afortunadamente, no ha ocurrido así porque nuestra banca prácticamente no invirtió de manera directa en esos activos tanto porque el Banco de España se ratificó como uno de los reguladores más exigentes como porque mal podía invertir en el extranjero una banca que debía captar dinero en otros mercados para poder satisfacer la enorme demanda de crédito de sus clientes. Pero hay manzanas en los balances de nuestras entidades financieras que están comenzando a pudrirse. Su mal no es importado, se debe a que algunas empresas y particulares no pueden hacer frente a sus obligaciones porque la economía se ha parado en seco y poco a poco la recesión en la que nos hallamos está contagiando al mundo financiero. Ya no es que el mundo financiero contamine la realidad económica, es que esta se está llevando por delante la hasta ahora buena salud de cajas y bancos.

El corto y medio plazo es complicado. Este año estamos viendo resultados recurrentes más que aceptables porque las revisiones a la baja de los tipos no se hacen inmediatamente. Simplificando, sigue habiendo hipotecas al 5,5% y se captan depósitos al 4%. Pero la brutal caída del euríbor hará que los créditos caigan en el 2010 por debajo del 2% y no está claro que el coste del dinero para los bancos pueda ser inferior a ese valor pues la desconfianza sigue instalada en los mercados y eso hace que los precios no bajen. Así, el margen será bajo, y puede que hasta negativo en alguna entidad.

Nuestro sector financiero continúa debilitándose día a día debido a la combinación del incremento de la morosidad con el decrecimiento de los márgenes. Sí, los bancos comienzan a ganar menos justo cuando más lo necesitan. No es improbable que veamos algunas entidades con pérdidas en el 2010. Hay que decir que la feria no va igual para todos. Hay entidades con morosidades ya en el 6% y otras levemente por encima del 2% y el precio medio de la cartera de créditos es también muy diferente. Sigue sin haber riesgo en el sistema, pero ya hay varias manzanas tocadas en el cesto.

La Administración ha definido cómo proceder gracias al ya famoso FROB. Además, se ha aliviado algo la tensión reconsiderando el calendario de provisiones. Perfecto. Pero no tenemos todo el tiempo del mundo. Dentro de pocos meses, la evidencia de que hay problemas serios en alguna entidad será clara.

Los gestores diligentes, que suelen ser los que menos problemas tienen, están ajustando permanentemente su base de coste. Pero aquellos para los que la fusión es la única solución deben olvidarse de personalismos y localismos. Ser presidente de una pequeña caja de ahorros tiene un valor intangible difícilmente medible y el impacto local de las obras sociales es muy importante. Pero hay que tener muy claro que respeto y notoriedad pueden tornarse en algo negativo si la entidad entra en pérdidas o, peor aún, se interviene. Y las obras sociales se alimentan del beneficio de las cajas. Si no hay beneficio, no habrá obra social y, ojo, algunas cuentan con instalaciones muy necesarias, pero cuyos costes de mantenimiento y explotación son elevados.

Prefiero, como todos, las bodas, pero si no suceden pronto hace falta que el Banco de España convoque a algún funeral más para desatascar negociaciones centradas en quién ocupa el sillón, cómo es la ecuación de canje y cómo quedo yo, en lugar de pensar en proyectos de futuro. Y no hay que olvidar que organizar las bodas no es sencillo. Por eso, una vez que se tenga claro quién se casa con quién, el trabajo de detalle es inmenso y tiene que planificarse técnica y no políticamente. Las presidencias temporales hasta la jubilación de uno de los implicados son sencillas de planificar, pero muy difíciles de ejecutar, ya que no existen las fusiones entre iguales. Una integración es un proceso traumático y, por tanto, cuanto antes pase, mejor.

Sé que es una utopía, pero nuestro sistema financiero necesitaría tener cerrado el libro de las fusiones el 1 de enero del 2011 para encarar con fortaleza el año de la recuperación. Me temo que no será así, pero tampoco Blancanieves tenía una madrastra…

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lunes, mayo 18, 2009

España saldrá más tarde de la crisis

Antón Gasol/ elperiodico

¿Cuándo vamos a salir de esta crisis? ¿Nos recuperaremos antes o después que la mayoría de países? Las crisis, en general, son fruto de excesos, y cuanto mayor y duradero es el exceso más profunda es la crisis y más difícil resulta salir de ella. España sufre una crisis gestada, principalmente, por la coincidencia de dos grandes desequilibrios o excesos: un crecimiento económico explosivo explicado por una proporción insana -por insostenible- de la construcción residencial, y una exuberancia de consumo y de inversión favorecida por unos tipos de interés extraordinariamente bajos (negativos en términos reales durante muchos años). Esto llevó a una inflación de los precios de los activos, particularmente de las viviendas, que hacía que cada vez se requiriera más endeudamiento para poderlos adquirir y que teníamos que financiar recurriendo al ahorro de otros países. Ambos desequilibrios son un atolladero que será la causa de que salgamos más tarde de la crisis que cualquier otro país.

Ese vivir estirando más el brazo que la manga de forma tan excesiva y prolongada nos ha llevado a tener un déficit exterior (por cuenta corriente) que no tiene comparación con el de ningún otro país del mundo, ni el de Estados Unidos.

Primer desequilibrio: el elevado déficit de año tras año. ¿Y cómo se produce ese déficit de la economía española con el resto del mundo? ¿Qué sucedió en el año 2008? La balanza comercial (exportaciones menos importaciones) originó un déficit de unos 88.000 millones de euros, que el turismo y otros servicios solo pudieron compensar en 26.000 millones. Por otro lado, los pagos por rentas (ya sean intereses, alquileres o dividendos) debidas a las inversiones extranjeras no cesan de aumentar de un año a otro, y en el 2008 fueron de 34.000 millones. Las aportaciones al presupuesto comunitario y las remesas de los emigrantes explican otros 9.000 millones. Todo ello llevó a que finalizara el 2008 con un déficit de la balanza por cuenta corriente de 105.000 millones de euros (un 10% del PIB). Y ¿cómo es posible que un país pueda vivir por encima de sus posibilidades año tras año? En el 2007, el déficit fue de 105.400 millones, y en el 2006, de 88.300 millones... La respuesta es la misma que en una familia cuando gasta más de lo que ingresa: ¿cómo lo hace? Endeudándose (préstamos) o descapitalizándose (vendiendo patrimonio) o ambas cosas a la vez. Pues en un país sucede lo mismo: endeudándose (importando capital en forma de créditos) o vendiendo activos previamente acumulados (o sea, reduciendo su riqueza acumulada en forma de bienes de capital en el extranjero o de reservas, oro o divisas).

La balanza de capital es la que financia la balanza por cuenta corriente. Así, la economía española, con un déficit corriente crónico, ha necesitado año tras año financiarla con deuda del exterior. Si un país exporta capital significa que parte de su patrimonio está en el extranjero o que el resto del mundo es deudor respecto de ese país. Y, por el contrario, si un país recibe capital extranjero (créditos, depósitos o inversiones) el país es deudor del resto del mundo.

¿Y cuán endeudada está España? La deuda externa de un país incluye todos los instrumentos financieros que dan lugar a pagos por amortizaciones y por intereses. Pues bien, la deuda externa que España ha ido acumulando muy intensamente en los últimos años se situó en 1,7 billones de euros a finales del 2008, más de un 150% del PIB.

Medio billón de esa deuda externa corresponde a créditos y depósitos a corto plazo (con vencimiento inferior a un año), casi todos de instituciones financieras. El conjunto de estas instituciones financieras tiene una deuda externa de más de tres cuartos de billón de euros, equivalente al 43% de todo el saldo de crédito concedido por el conjunto de entidades de crédito (bancos, cajas y cooperativas de crédito).

Con estos datos, y dada la pérdida de confianza relativa de la economía española en el exterior, quizá entenderemos mejor por qué el crédito sigue tan racionado por parte de las entidades financieras, a pesar de los abundantes estímulos monetarios y fiscales.

Segundo desequilibrio: un sector de la construcción desproporcionado en volúmenes y en precios. Existen un par de indicadores que permiten ver la situación inmobiliaria comparada entre países: son la relación entre el precio de venta de la vivienda y los ingresos familiares y la relación entre el precio de venta y el precio del alquiler. En un estudio muy reciente de la OCDE de los 17 países más importantes del mundo (con datos del 2008), se puede ver que en relación con los ingresos familiares los pisos deberían bajar del orden del 41% para estar a su nivel, y si lo miramos respecto de la rentabilidad de los alquileres, la rebaja debería ser del 53%. Cuanto más se tarde en realizar este ajuste de precios, más larga y agónica va a ser la recuperación.

¿Qué hay que hacer, pues, para salir de esta pesadilla? Lo más importante es saber que la economía catalana y española empezará a recuperarse cuando bancos y cajas presten de nuevo dinero a familias y empresas solventes (que afortunadamente todavía quedan), y cuando el mercado inmobiliario reemprenda su actividad. Para que esto ocurra, habrá primero que sanear el sistema financiero y hacer que el crédito fluya. Y, por otro lado, es necesario que los precios de la vivienda bajen considerablemente.

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