Denuncias por vivienda

Contra la vivienda indigna. V de Vivienda. Todos juntos podemos.

jueves, septiembre 24, 2009

Óscar Tusquets conocía en 2004 el sobrecoste del Palau de la Música que ahora denuncia

Catalina Serra/ elpais
Barcelona


Por si no hubiera ya suficiente lío en el Palau de la Música, los arquitectos encargados de la última ampliación parecen empeñados en rizar aún más el rizo. Tanto Óscar Tusquets como Carles Díaz estaban en las ruedas de prensa en las que Fèlix Millet informaba del aumento del presupuesto de las obras. No les pareció extraño el 23 de abril de 2004 que Millet dijera que la cifra inicial de 9,6 mllones había acabado siendo de 24 millones. Pero, curiosamente, ahora ambos han declarado a diferentes medios de comunicación no tener noticia de que se hubiera casi triplicado la previsión inicial y aseguran que el sobrecoste fue sólo de tres millones. Es decir, la ampliación acabó costando "sólo" 12,6 millones de euros.

"No sé qué decir", comentó ayer Óscar Tusquets al ser preguntado sobre esta contradicción. "No soy el que lleva los números y es posible que Millet dijera algo que en aquel momento no fui capaz de contradecir". Quien llevaba los números, su socio Carles Díaz, reconoció que en su día no le dio importancia a esta supuesta inflación de cifras. Pero después admitió que, efectivamente, el conjunto de la ampliación "pudo costar 22, 24 o 26 millones de euros". Y añadió: "Hay tres personas en el estudio que no harán el puente buscando todas las facturas y las correspondientes liquidaciones".

Según Díaz, lo que costó 12,6 millones de euros fueron las obras del Petit Palau, la nueva sala de cámara que se construyó en el espacio que antes ocupaba una iglesia; pero hubo otras obras, supervisadas por el estudio, que se facturaron aparte.

Las contradicciones del equipo Tusquets-Díaz son dignas del enrevesado tinglado del caso Palau. Hace dos días afirmaron que ya no construían el hotel frente al Palau y un día después de haber retirado el proyecto de su página web lanzaron un comunicado en el que decían lo contrario.

Ahora, según Díaz, el desmentido del presupuesto de 24 millones de euros que dieron por bueno hace cinco años se debe a que no se correspondía exactamente con lo que el estudio ha facturado por la ampliación. De hecho, si hay que hacer caso a una de las auditorías realizadas a la Fundación Orfeó en 2004, el coste total de las inversiones realizadas ascendía a 16,9 millones de euros.

Pero, curiosamente, si el martes Díaz dijo que lo que habían recibido eran 12,6 millones de euros, ayer reconoció que la cantidad es superior, porque hay otras obras relacionadas con la ampliación que tenían otro presupuesto y otras facturas. Por ejemplo, señala, las del nuevo foyer -espacio que relaciona el viejo y el nuevo edificio- se presupuestaron aparte. Si en el caso del Petit Palau las obras se adjudicaron a Ferrovial, en el caso del foyer se encargaron a Triobra, una empresa que, por cierto, aparecía en la carta de Jordi Montull como una de las que realizaban facturas falsas. "Cada obra tenía un presupuesto diferente", explica Díaz, que reconoce que en todo caso la dirección "artística" y el proyecto de todo el conjunto los coordinaba y dirigía su estudio.

La cuestión se complicó aún más cuando, en declaraciones a TV-3, Óscar Tusquets afirmó ayer: "No todo el dinero que ha desaparecido ha ido a parar en manos de Millet, y esto lo temo con bastantes motivos de causa". Con semblante serio, aseguró que tiene claros motivos para asegurar que Millet "a veces ha sido un intermediario". No dio nombres.

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lunes, mayo 18, 2009

Crisis y arquitectura

Josep María Montaner/ elpais

La crisis inmobiliaria, financiera y productiva se acusa en todos los ámbitos, y la arquitectura catalana no es una excepción: los encargos privados han bajado en picado y una parte de la obra pública se ralentiza a la espera de que escampen las nubes de la incertidumbre. Muchos despachos están reduciendo su plantilla, cuando no cerrando; una reducción que ya amenaza a las escuelas privadas de arquitectura y que ya ha afectado al Colegio de Arquitectos de Cataluña, que ha sido tan poco previsor ante los avisos recibidos desde 2004 sobre la explosión de la burbuja inmobiliaria.

Sin embargo, que haya crisis no significa que no hagan falta arquitectura y urbanismo. Hacen falta más que nunca: viviendas asequibles y nuevos barrios ecológicos; reparaciones, rehabilitaciones y reformas; equipamientos de proximidad y espacios públicos. Ante la crisis, cada saber y profesión debería aprovechar para reestructurarse y no para estar suspirando por que vuelva el capitalismo del pelotazo.

Porque no se trata de que salgan indemnes las grandes obras, como el trazado de AVE, y los grandes embolados, como el anunciado Instituto de Arquitectura de Barcelona, de promoción privada; ni de que reciban la peor parte, como siempre, los sectores más débiles de la sociedad y se escatime en obras de apoyo social, en equipamientos educativos, en intervenciones para rehacer el patrimonio o en la implementación de medidas hacia la sostenibilidad.

Lo que se necesita es buena arquitectura para la gente, promover iniciativas y experimentos entre los jóvenes proyectistas y diseñadores. Se buscan arquitectos con visión política y crítica. Faltan técnicos para los movimientos sociales urbanos. Los arquitectos han ido perdiendo relación con la realidad y peso dentro de la sociedad, convertidos en servidores del poder. Es de esperar que la crisis sea ocasión para replantear la profesión, que se reinterprete su compromiso con la sociedad, se propongan nuevas éticas, más ecológicas y participativas, y se vuelva a valorar la cultura crítica.

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