La vivienda, la farsa de la emancipación de los jóvenes
Miguel Ángel Belloso
del blog "Apuntes liberales de un chico de derechas"
expansion
El Gobierno ha aprobado un plan para fomentar la vivienda en alquiler que pasa por subvencionar a los jóvenes, a fin de que éstos puedan acceder a una vivienda y -usando las palabras de la ministro Chacón- ningún proyecto de vida quede frustrado. Estoy en desacuerdo con el plan por múltiples motivos. Si vamos a los aspectos más puramente económicos, diré que para que aumente la oferta de alquiler y, por tanto, disminuya eventualmente su precio, sólo hay tres medidas posibles: reforzar la seguridad jurídica de los propietarios, dar armas a los jueces para que puedan reforzar la seguridad de los propietarios y declarar la libertad completa de contratación de los alquileres, de modo que las partes puedan pactar las condiciones que más convengan a unos y otros. La libertad de contratación es básica, y así lo entendió en 1983 -que queda ya lejos- el ministro socialista de Economía Miguel Boyer, que fue el que propició en aquella época la expansión de este mercado.
Después, en parte producto del sistema normativo, tenemos en España un hecho completamente satisfactorio: la mayoría de la gente prefiere la vivienda en propiedad. Es verdad que este deseo no ha sido del todo el producto de un convencimiento personal sino también el resultado de las circunstancias macroeconómicas: la expansión de la actividad, la fuerte creación de empleo y unos tipos de interés históricamente ridículos, que han convertido la decisión de comprar una vivienda en la más cabal de todas las posibles. Pero la propiedad, en sí misma, tiene unas ventajas 'morales' enormes -si se me permite usar este término: aumenta la responsabilidad personal, la capacidad de sacrificio, la voluntad de participar en las decisiones colectivas, la implicación propia en el destino de la comunidad, etcétera.
Todo esto es lo contrario de los resultados a que conducirá el plan de incentivación del alquiler, que se centra, cómo no, en los jóvenes. Éste es un plan que me irrita desde su más hondo enunciado y propósito, pues es un plan subvencionador, y me parece que juventud y subvención son términos esencialmente contradictorios. Se dará dos centenares de euros a los jóvenes, bajo determinadas condiciones, para que alquilen pisos, y también se les apoyará en el aval correspondiente y las mensualidades previas a la formalización del contrato. Todo esto se hará para que se emancipen, y este concepto me saca de mis casillas.
La emancipación es la liberación de la patria potestad, de la tutela, de la servidumbre, de la sujeción y el yugo al que se estaba sometido. Pues bien, como estamos en un país libre y democrático, una vez que uno cumple los 18 años, la emancipación es un hecho. No hay caso. Desde entonces, nadie ata a nadie. Cualquiera se puede ir de casa, volar libre como un pájaro, hacer su vida, buscar su destino. En cambio, lo que nos propone esta plan es una emanicipación segura, una liberación controlada, una independización subvencionada a cargo de los impuestos de los demás. Pero entonces, ¿cuál es el secreto?, ¿cuál es el misterio?, ¿cuál es el sex appeal? ¿cuál es el encanto?, ¿cuál es el riesgo? Antes, por lo menos, había unos jóvenes de izquierdas muy dignos que se marchaban de casa diciendo hasta luego o hasta siempre. Se iban con una mano delante y otra detrás porque para ellos era más importante la emancipación que la subsistencia, que para ésta, estanto normalmente constituido, físicamente apto y modestamente educado, nunca suele haber demasiados problemas.
Ahora no. El propósito del actual gobierno es liberar a los jóvenes sustituyendo la patria potestad por la dependencia de la subvención del Estado. No quiere unos jóvenes genuinamente libres sino unos jóvenes eternamente agradecidos a la ayuda pública, que por cierto pagaremos indefectiblemente todos. Pero, y entonces, ¿qué mensaje estamos enviando a la juventud?
En mi opinión, la juventud está para dar más que para recibir. Es la etapa de la vida, ciertamente llena de perplejidades -preñada de romanticismos y grandilocuencias absurdas- en la que, sin embargo, se concentra toda la potencia de generación de riqueza. En tal estado de efervescencia, de exuberancia, de exaltación, me parece que la obligación de un gobierno es contribuir a que aflore lo mejor que nuestros hijos traen dentro, a fin de que desplieguen todas sus posibilidades. ¿Pero qué van a desplegar si el mensaje es que se despreocupen, que presten una confianza ciega en el Estado? ¿Cómo van a reaccionar si el mensaje es el de la confortabilidad, el de la protección, el de los derechos, en lugar de las obligaciones?
Pues bien, en éstas estamos en España, y por eso, entre otras cosas, me parece perverso este plan de fomento del alquiler para jóvenes puesto en marcha por la ministra Chacón y el presidente Zapatero. Pienso que la obligación del Gobierno es desplegar la política económica, tributaria y legal oportuna para que el precio de los alquileres baje como consecuencia natural de la oferta y de la demanda, circunstancia que sólo se producirá en un mercado completamente libre, o lo más parecido posible al mismo. El resto, la subvención, la ayuda, la intervención en el mercado sólo producirá, y así lo dicta la experiencia las consecuencias contrarias a las deseadas, y, adicionalmente, causará un grave daño moral a los jóvenes, que es precisamente, a quienes se quiere estimular y potenciar. No hay incentivo ni estímulo posible con subvención, no hay juventud sana con ayuda. Estas cosas yo las tengo muy claras. Pero en fin, como siempre, quizá estoy completamente equivocado. ¿No les parece?
Etiquetas: ayudas al alquiler, comentaristas reaccionarios, del mercado negro de alquiler ni pío, Plan Chacón

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